Ronaldinho ha recordado una de las historias que mejor explican su infancia y la relación con su padre, João de Assis Moreira. Cuando era niño, escuchaba que jugar descalzo era una buena manera de aprender a dominar el balón porque permitía desarrollar una sensibilidad especial en los pies. Durante años asumió aquel consejo como una enseñanza puramente futbolística, una especie de método casero para mejorar su técnica antes de ponerse unas botas.
Con el tiempo comprendió que detrás existía una realidad mucho más sencilla y dura. “Lo que realmente sucedía era que él no tenía dinero para regalarme un par de zapatillas”, explicó. Su padre convirtió una limitación económica en una lección positiva para evitar que el pequeño Ronaldinho sintiera que le faltaba algo. En lugar de hablarle de pobreza, consiguió hacerle creer que jugar descalzo podía convertirlo en un futbolista mejor.
Su padre transformó una carencia en aprendizaje
João trabajaba para sostener a una familia humilde en Porto Alegre y acompañó desde muy pronto la pasión de sus hijos por el fútbol. Ronaldinho pasaba innumerables horas jugando con cualquier balón disponible, dentro de casa, en la calle o sobre superficies donde otros niños probablemente habrían utilizado calzado. Aquella práctica terminó desarrollando precisamente la sensibilidad que su padre le prometía.

El brasileño aprendió a controlar el balón con diferentes zonas del pie, medir mejor cada contacto y perder el miedo a intentar gestos difíciles. Evidentemente, jugar descalzo no explica por sí solo el talento extraordinario que desarrolló después, pero aquella infancia ayudó a construir una relación natural con el balón. El fútbol no dependía de instalaciones, equipamiento caro ni condiciones perfectas para disfrutarlo.
El recuerdo de su padre permaneció siempre presente
La muerte de João cuando Ronaldinho todavía era un niño marcó profundamente a la familia. Su hermano Roberto Assis asumió después un papel fundamental en su carrera, pero las enseñanzas de su padre siguieron acompañándolo. El consejo sobre las zapatillas quedó como uno de esos recuerdos que adquirieron un significado diferente cuando tuvo edad suficiente para comprender el sacrificio que había detrás.
Años después, Ronaldinho pudo comprar todas las botas que quisiera y llegó a convertirse en uno de los futbolistas más reconocidos del mundo. Sin embargo, aquella explicación de su padre resume mejor sus orígenes que cualquier trofeo. No podía ofrecerle unas zapatillas, así que le ofreció una manera de no sentirse inferior. Transformó la falta de dinero en motivación y convirtió una necesidad en una ventaja imaginada. Ronaldinho terminó demostrando que aquella sensibilidad con el balón podía llevarlo mucho más lejos de lo que ambos podían imaginar entonces.