La sentencia atribuida a Pitágoras condensa una idea que ha atravesado siglos de pensamiento filosófico y que sigue plenamente vigente: el valor de la moderación. “No seas ambicioso y tacaño; la justa medida es excelente en tales casos” no es solo una advertencia moral, sino una reflexión sobre el equilibrio como principio rector de la conducta humana en el día a día.
En la idea pitagórica, la noción de medida no era un concepto abstracto, sino una regla fundamental de armonía. Así como el orden matemático gobernaba el cosmos, también debía orientar la vida de las persoas. El exceso y la carencia se interpretaban como formas de desajuste, tanto en lo material como en lo ético.
La ambición y la avaricia como desequilibrios
La ambición desmedida y la tacañería comparten una raíz común en la ruptura de la proporción. Una empuja hacia la acumulación sin límite; la otra, hacia la retención del bien. En ambos casos, el individuo se aparta de la idea de suficiencia, que en la filosofía clásica aparece vinculada a la serenidad y la estabilidad.
La advertencia pitagórica no condena el deseo de progreso ni la prudencia económica. Lo que cuestiona es la pérdida de referencia sobre cuánto es razonable. Cuando el afán de obtener o conservar domina la conducta, la medida desaparece y con ella el equilibrio vital.
La justa medida como principio universal
El ideal de moderación atraviesa buena parte del pensamiento antiguo. Desde la ética griega hasta corrientes posteriores, la virtud suele definirse como un punto intermedio entre extremos. La justa medida no implica mediocridad ni renuncia, sino ajuste racional a lo que realmente hace falta. Aplicado a la vida cotidiana, el principio conserva una fuerza notable. De hecho, hoy en día, la estabilidad personal rara vez se construye desde el exceso permanente.
La reflexión también admite lectura económica y social. La tensión entre ambición y austeridad ha sido una constante histórica, y la propuesta de equilibrio aparece como una vía para evitar distorsiones tanto individuales como colectivas. Así pues, lejos de ser una idea anticuada, el planteamiento conserva plena vigencia. La moderación, entendida como criterio de ajuste y no como restricción, sigue operando como una de las nociones más persistentes en la reflexión sobre la conducta humana. Pitágoras, desde la antigüedad, apuntaba ya a una lógica difícil de refutar como que el equilibrio rara vez resulta accidental.
