Vulpellac es uno de esos pueblos del Baix Empordà donde todavía se puede ver claramente el pasado medieval. El núcleo antiguo se organiza alrededor de dos edificios principales: el castillo-palacio y la iglesia de Sant Julià y Santa Basilissa. Todo este conjunto histórico fue reconocido en 2009 por la Generalitat como bien cultural de interés nacional (BCIN) por su valor patrimonial.

Antes de unirse administrativamente con Fonteta y Peratallada, el antiguo municipio tenía algo más de 4 kilómetros cuadrados. El territorio mezcla pequeñas zonas elevadas con áreas más planas. El punto más alto es el puig Negre, con 109 metros, situado en la sierra de Sant Ramon, que marca el límite con La Bisbal d’Empordà.  

Un entorno único

La parte más llana del territorio está atravesada por la riera de Fonteta, que forma parte de la cuenca del río Daró y baja desde las Gavarres. Además, por el término pasa la carretera que conecta Girona con Palamós, una vía bastante transitada en la zona. Desde este punto también nace la carretera local que conecta Vulpellac con Pals.

El pueblo aparece documentado por primera vez en el año 894, aunque con un nombre algo diferente: Volpeyliacho. En documentos posteriores del siglo X aparece como Vulpiliaco. Algunos estudios creen que el topónimo podría venir de un nombre latino, mientras que el lingüista Joan Coromines apuntaba a un posible origen celta.

El castillo y la iglesia, el corazón del pueblo

El castillo, construido en el siglo XIV, es uno de los edificios más representativos del municipio. Aunque conserva su estructura medieval, ha pasado por varias reformas a lo largo de los siglos. En el XVI se hicieron cambios importantes por orden de Miquel Sarriera y, más adelante, en el siglo XVIII, se llevaron a cabo nuevas modificaciones. Con el tiempo, incluso llegó a utilizarse como casa de payés.

Muy cerca se encuentra la iglesia de Sant Julià i Santa Basilissa, que originalmente fue la capilla del castillo. El edificio actual es del siglo XVI y mezcla elementos del gótico tardío con detalles renacentistas. En excavaciones realizadas en la zona también se han encontrado restos de una antigua necrópolis medieval y vestigios de una iglesia anterior, probablemente románica. 

Restos de muralla y arquitectura tradicional

Alrededor del castillo y la iglesia todavía se conservan restos de la antigua muralla que protegía el pueblo. Uno de los elementos más visibles es la torre-portal del nordeste, con una puerta de piedra bien conservada. También queda otra torre cilíndrica integrada entre las casas.

En algunas calles del casco antiguo todavía pueden verse casas de los siglos XVII y XVIII con portales adovelados, escudos y ventanas decoradas, ejemplos interesantes de arquitectura popular de la zona.