El aprendizaje de una segunda lengua en la infancia es uno de los grandes retos y deseos de muchas familias. Frente a métodos académicos tradicionales, el pedagogo Fran Monaj defiende una idea clara y basada en su experiencia educativa: los dibujos animados son una de las mejores formas de criar a un hijo bilingüe, siempre que se utilicen en el momento adecuado del desarrollo. Según Monaj, la clave no está en forzar el aprendizaje, sino en aprovechar las capacidades naturales del cerebro infantil y el enorme poder de la repetición audiovisual.

Durante los primeros años de vida, el cerebro del niño presenta una plasticidad extraordinaria. Esta capacidad permite absorber sonidos, estructuras gramaticales y vocabulario sin esfuerzo consciente, de forma muy similar a cómo se adquiere la lengua materna. Los dibujos animados, por su formato repetitivo, emocional y visualmente atractivo, se convierten en un canal privilegiado para este aprendizaje temprano.

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Por qué los dibujos animados funcionan en edades tempranas

Fran Monaj explica que los niños pequeños aprenden por repetición y exposición continuada, no por explicación teórica. Los dibujos animados repiten expresiones, vocabulario y situaciones cotidianas una y otra vez, siempre asociadas a imágenes, emociones y contextos claros. Esto facilita que el niño comprenda el significado sin necesidad de traducción, interiorizando el idioma de manera intuitiva.

Según su enfoque pedagógico, el momento ideal para introducir los dibujos animados en otro idioma es antes de los tres años, como máximo. En esta etapa, el niño no cuestiona el idioma, no compara ni rechaza el cambio; simplemente lo incorpora como una parte más de su realidad. A partir de edades más avanzadas, el niño ya distingue claramente entre lenguas y puede mostrar resistencia o confusión inicial, lo que hace el proceso menos natural.

Monaj subraya que no se trata de aumentar el tiempo de pantalla, sino de cambiar el idioma del contenido que ya se consume. El valor pedagógico está en la constancia y en que el niño se exponga al idioma de forma diaria y relajada, sin presión ni expectativas explícitas de aprendizaje.

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Ventajas cognitivas y educativas del bilingüismo infantil

Desde la pedagogía y la neurociencia, el bilingüismo temprano se asocia a múltiples beneficios. Un niño bilingüe suele desarrollar mayor flexibilidad cognitiva, mejor capacidad de atención y un control ejecutivo más eficiente. Cambiar entre dos idiomas fortalece procesos cerebrales relacionados con la memoria, la resolución de problemas y la adaptación a nuevas situaciones.

Además, el bilingüismo favorece una mayor sensibilidad lingüística, lo que facilita el aprendizaje de otros idiomas en el futuro. A nivel educativo, estos niños suelen mostrar una mayor capacidad para comprender estructuras gramaticales y para reflexionar sobre el lenguaje. También existen ventajas sociales y culturales: un niño bilingüe tiene más herramientas para comunicarse en contextos diversos y una mayor apertura a otras culturas.

En comparación, un niño monolingüe no presenta desventajas en su desarrollo, pero sí pierde la oportunidad de aprovechar una ventana evolutiva única. Como concluye Fran Monaj, introducir un segundo idioma a través de los dibujos animados no es una estrategia artificial, sino una forma respetuosa de aprender: natural, eficaz y alineada con cómo aprende el cerebro infantil.