El consumo de alcohol está profundamente arraigado en muchas culturas occidentales como una forma de relajación, celebración o socialización. Sin embargo, su efecto en el sistema nervioso central puede desencadenar o agravar la ansiedad, tal y como explica el psicólogo Pablo Ramírez. En su reflexión, destaca que el alcohol puede parecer calmante a corto plazo, pero a nivel neuronal tiene consecuencias que facilitan la aparición de ansiedad. Esta postura se enmarca dentro de un contexto más amplio: el auge de la ansiedad en las sociedades de consumo occidental y la complejidad de una emoción que afecta a millones de personas.

Ansiedad: causas, efectos y tratamiento

La ansiedad es una respuesta natural del organismo ante situaciones percibidas como amenazantes o desafiantes. Evolutivamente, esta respuesta nos preparaba para huir o enfrentarnos a peligros reales. Hoy en día, sin embargo, muchas de las señales desencadenantes son psicológicas o abstractas: miedo al futuro, presión social, inestabilidad laboral o preocupaciones constantes. A ello se suma el ritmo acelerado de la vida moderna, donde se espera disponibilidad continua, rendimiento constante y exposición permanente a estímulos.

Las causas de la ansiedad son múltiples y pueden incluir:

  • Biológicas: predisposición genética, desequilibrios químicos o condiciones médicas.

  • Ambientales: estrés crónico, eventos traumáticos, cambios vitales.

  • Psicológicas: patrones de pensamiento catastrofista, baja tolerancia a la frustración, perfeccionismo.

Cuando la ansiedad se vuelve persistente y desproporcionada en relación con las circunstancias, deja de ser una reacción adaptativa y pasa a interferir con la vida cotidiana. Sus efectos pueden ser tanto físicos (palpitaciones, tensión muscular, insomnio, dificultad para respirar) como emocionales (inquietud constante, irritabilidad, sensación de desbordamiento, pensamientos intrusivos). A largo plazo, incluso puede aumentar el riesgo de trastornos más graves si no se aborda adecuadamente.

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Vida sana

El tratamiento de la ansiedad suele combinar estrategias como:

Terapia psicológica, especialmente enfoques cognitivo‑conductuales que ayudan a identificar y modificar patrones de pensamiento disfuncionales.

Técnicas de regulación emocional, como la respiración profunda, mindfulness o relajación progresiva.

Estilo de vida saludable, que incluya ejercicio regular, sueño reparador y una alimentación equilibrada.

En algunos casos, intervención médica con medicación supervisada por profesionales.

El auge de la ansiedad en la sociedad de consumo occidental

En las sociedades occidentales contemporáneas, la ansiedad se ha convertido en una preocupación casi omnipresente. Factores como la presión por el éxito, la hiperconectividad digital, la incertidumbre económica y la comparación constante en redes sociales han contribuido a un aumento significativo de experiencias ansiosas en todas las edades. La cultura del rendimiento y la inmediatez genera un caldo de cultivo donde la ansiedad se alimenta de expectativas poco realistas y de la búsqueda constante de control.

Dentro de este marco, Pablo Ramírez señala una paradoja: muchas personas recurren al alcohol para “calmarse”, pero el efecto de esta sustancia sobre el sistema nervioso termina por desestabilizar aún más el equilibrio emocional. El alcohol actúa inicialmente como un depresor del sistema nervioso central, reduciendo momentáneamente la inhibición y la tensión. Sin embargo, cuando sus efectos pasan, el organismo responde con una activación compensatoria que puede traducirse en nerviosismo, inquietud y ansiedad aumentada.

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Esto ocurre porque el alcohol altera los niveles de neurotransmisores como el GABA y la serotonina, implicados en la regulación del estado de ánimo. A largo plazo, el consumo recurrente puede generar un ciclo de dependencia emocional y fisiológica, donde se bebe para aliviar ansiedad, pero el propio consumo termina intensificando la sensación de inquietud y malestar emocional.

En definitiva, según Ramírez, entender la ansiedad como un fenómeno multifactorial y no solo como un síntoma aislado es clave. Reconocer que elementos tan comunes como el alcohol pueden empeorar la ansiedad permite una comprensión más profunda de cómo nuestras elecciones de consumo y estilo de vida impactan directamente en nuestra salud mental. En un entorno que favorece la velocidad y la gratificación instantánea, aprender a afrontar emociones difíciles sin recurrir a sustancias es una habilidad esencial para el bienestar psicológico a largo plazo.