Durante años, la cocina abierta al salón se ha vendido como uno de los grandes símbolos de la vivienda moderna. Ofrece espacios diáfanos, sensación de amplitud y un estilo de vida más social. Todo esto sobre el papel. Sin embargo, cada vez más propietarios descubren que lo que parecía una decisión ideal acaba convirtiéndose en una fuente constante de problemas.
Pablo Borraz es arquitecto y explica que esta tendencia no es adecuada para todo el mundo. Aunque visualmente puede resultar atractiva en revistas y pisos piloto, la realidad cotidiana es muy distinta. Y es ahí donde muchos empiezan a arrepentirse de haber eliminado paredes sin valorar las consecuencias prácticas.
Los problemas reales de las cocinas abiertas
Uno de los principales inconvenientes es el de los olores y ruidos. Aunque se instalen campanas, los olores de la cocina se expanden por toda la vivienda, impregnando sofás, cortinas y todo tipo de espacio. A esto se suma el ruido de electrodomésticos que invade el espacio de descanso y ocio. Otro aspecto clave es la falta de privacidad. En una cocina abierta no hay margen para el desorden ocasional. Platos sucios, encimeras cargadas o pequeños electrodomésticos, algo que se vuelve especialmente incómodo cuando llegan visitas. Lo que antes podía cerrarse con una puerta ahora forma parte del salón.
@pbsarquitectura A todos nos gusta la imagen de una bonita cocina abierta al salón, ¿pero es algo realmente práctico? . ¿Tu qué opinas?¿Cerrada o abierta?. . . #cocinaabierta #cocinasmodernas #cocinacerrada #debates #pbsarquitectura
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Borraz señala también que no todas las rutinas familiares encajan bien en un espacio abierto. Cocinar temprano, trabajar desde el comedor o ver la televisión mientras alguien prepara la cena genera interferencias. Lo que se pensó como un espacio multifuncional acaba provocando conflictos de convivencia y dolores de cabeza.
No es una solución válida para todas las viviendas
El arquitecto insiste en que la cocina abierta puede funcionar en algunas viviendas. Pero trasladar ese modelo de forma generalizada ha sido, en muchos casos, un error. Especialmente en pisos pequeños, donde la cocina termina dominando todo el espacio común. Otro factor que se ha infravalorado es el mantenimiento y la exigencia estética. Una cocina abierta obliga a mantener un nivel de orden constante y poco realista para muchas familias.
La conclusión del arquitecto es que la cocina abierta no es ni buena ni mala en sí misma, pero no es para todo el mundo. Convertirla en un estándar ha llevado a muchas personas a vivir en espacios que no se adaptan a su forma ideal de vivir. Y cuando una decisión de diseño afecta al confort diario, deja de ser un lujo para convertirse en una condena doméstica.