Natalia Lara, economista: “Muchos jubilados sacrifican su pensión por no saber decir ‘no’ a sus hijos”

Natalia Lara, una economista economista, advierte de un problema cada vez más frecuente entre padres próximos a la jubilación: seguir sosteniendo económicamente a hijos adultos hasta comprometer el propio futuro. Pagar alquileres, cuotas hipotecarias, entradas de vivienda o deudas ajenas puede parecer una muestra de cariño, pero también reducir el ahorro disponible justo cuando disminuye el margen para recuperarlo.

“Muchos jubilados sacrifican su pensión por no saber decir no a sus hijos”, explica. La economista observa casos de personas de 55 o 60 años que continúan financiando decisiones de hijos de 30 años o más. El riesgo aparece cuando la ayuda deja de ser puntual y se convierte en una obligación mensual asumida sin límite, planificación ni fecha de salida.

Primero debe asegurarse la propia jubilación

La regla que propone Lara es clara: antes de ayudar, los padres deben garantizar vivienda, ahorro, liquidez y capacidad para afrontar imprevistos. A esa edad quedan menos años de trabajo para reconstruir el patrimonio perdido. Un préstamo, una garantía o una retirada importante de ahorros puede transformar una jubilación estable en una etapa marcada por la dependencia económica.

Jubilado. EP
Jubilado. EP

También resulta peligroso avalar una hipoteca o endeudarse para pagar la entrada de una vivienda. Si el hijo deja de abonar las cuotas, el banco puede reclamar al avalista y poner en riesgo sus bienes. Incluso cuando todo sale bien, el dinero entregado ya no estará disponible para reformas, cuidados, medicamentos o gastos de dependencia futuros.

Ayudar no significa resolver toda la vida

Los hijos adultos disponen normalmente de más tiempo para trabajar, ahorrar y corregir decisiones. Los padres, en cambio, no pueden recuperar fácilmente diez o quince años de ahorro. Por eso decir no no equivale a abandonar a la familia. Puede ser una forma responsable de establecer límites y evitar que una ayuda presente genere un problema mayor después.

Antes de entregar dinero, conviene calcular cuánto puede darse sin tocar el fondo de emergencia ni reducir los ingresos previstos para la jubilación. También es preferible concretar si se trata de un regalo o un préstamo y dejarlo por escrito. Lara recuerda que la prioridad debe ser conservar la autonomía: primero asegurar el propio futuro y después ayudar con el excedente real. Un hijo puede tener treinta años laborales por delante; sus padres quizá ya no dispongan de una segunda oportunidad para reconstruir lo que entregaron. La tranquilidad financiera de los padres también protege a los hijos, porque evita que mañana deban devolver la ayuda convirtiéndose ellos en quienes sostengan a sus mayores.