Para muchas personas de países como España, la comida es uno de los grandes placeres de la vida: una oportunidad para sentarse, conversar durante horas y saborear cada bocado con familia o amigos. Sin embargo, para Marc, un catalán que vive en Corea del Sur, la experiencia culinaria cotidiana es muy distinta. En su vídeo, él explica con honestidad: “Aquí no se come para disfrutar”. Esta frase refleja no un rechazo a los sabores —que muchos extranjeros encuentran ricos y variados— sino una percepción cultural sobre cómo se vive la comida en el día a día en la sociedad surcoreana, en contraste con la española y mediterránea.
Diferencias gastronómicas entre Corea del Sur y España
La gastronomía coreana (hansik) es muy rica y variada, con raíces profundas en la tradición y con platos que han ganado popularidad internacional, como el kimchi, bulgogi o bibimbap. Los menús suelen incluir arroz, sopa y múltiples guarniciones pequeñas llamadas banchan que se comparten en el centro de la mesa, fomentando una dinámica colectiva en torno a los alimentos.
En Corea del Sur, es común que la comida tenga un enfoque funcional y rápido, especialmente en contextos urbanos, como las comidas entre semana o durante las pausas laborales. Aunque existe la tradición de compartir platos en familia o con colegas, la práctica de honbap —comer solo— ha crecido, especialmente entre jóvenes y trabajadores urbanos por comodidad o falta de tiempo para largas comidas sociales.
En contraste, en España la comida se vive con otra filosofía: es habitual que las comidas principales se realicen con calma, con varios platos, acompañado de charlas prolongadas y pausas para sobremesa. La gastronomía española valora tanto el sabor como la experiencia social de comer juntos, y platos como paella, tapas o gazpacho están diseñados para disfrutar con calma y compartir.
Cultura de la comida: ritmo y propósito
Marc explica que, en Corea del Sur, muchas comidas diarias no se enfocan en “disfrutar” en el sentido español. En muchos contextos laborales o urbanos, la comida es una necesidad que se gestiona con eficiencia más que un ritual social prolongado. La estructura de la gastronomía surcoreana, con arroz y guarniciones sencillas servidas en raciones moderadas, está orientada a una alimentación nutritiva y equilibrada, pero el ritmo de la vida moderna puede hacer que se coma de forma más práctica que placentera.
Además, en la cultura alimentaria coreana, hay ciertas normas de etiqueta que influyen en la dinámica: en las comidas más formales se respeta el orden de edad y se sirve primero a los mayores, y hay una etiqueta específica sobre cómo usar palillos y cucharas. Esto puede hacer que la experiencia sea más estructurada y menos espontánea que en España, donde la conversación y la pausa entre platos forman parte del disfrute.
Una cuestión de costumbre y contexto
No se trata de que la comida coreana no sea sabrosa —de hecho, muchos extranjeros adoran sus sabores intensos y variados—, sino de que la cultura del comer en Corea del Sur pone énfasis en la funcionalidad, la eficiencia y la tradición compartida, a veces por encima de la pausa y el deleite prolongado que caracteriza a la cultura alimentaria española.
En definitiva, la frase de Marc resume un choque cultural: en Corea del Sur se come de forma distinta, y aunque esa forma no esté centrada en “disfrutar” tal como se entiende en España, es parte de una rica tradición culinaria propia. La comida coreana puede ser un festín de sabores y técnicas, pero a menudo se integra en un ritmo de vida más rápido, donde el acto de comer es tan funcional como social.
