La longevidad ya no se analiza únicamente desde la genética o los avances médicos. Cada vez más especialistas subrayan el peso de los hábitos cotidianos en la esperanza y calidad de vida. Manuel de la Peña, experto en longevidad, resume esta idea con una afirmación directa: “La diferencia entre vivir 70 años y 120 está en cinco hábitos”. Su planteamiento conecta con una corriente científica que sitúa el estilo de vida como factor decisivo en el envejecimiento saludable.
El mensaje central no gira en torno a fórmulas complejas ni intervenciones extraordinarias. De la Peña insiste en la relevancia de conductas simples, sostenidas en el tiempo, que actúan de forma acumulativa sobre la salud física y mental. La clave, según su visión, reside en la constancia más que en la intensidad.
Movimiento diario y alimentación como base
Uno de los pilares señalados por el especialista es la actividad física moderada. Caminar al menos 20 minutos al día aparece como una práctica accesible y de amplio respaldo científico. El ejercicio regular contribuye al mantenimiento cardiovascular, mejora la función metabólica y favorece la estabilidad emocional.
@doctormanueldelapena La diferencia entre vivir 70 años o llegar a los 120 no está en la genética. Está en los hábitos que eliges cada día 📝 Después de décadas investigando la longevidad, estos son los 5 pilares que siempre se repiten: caminar, comer natural, rodearte bien, escuchar música y mantener una actitud positiva. Si quieres vivir más y mejor, sígueme. Yo te enseñaré cómo 🫱🏻🫲🏼
♬ sonido original - Manuel de la Peña
La alimentación ocupa igualmente un lugar central. Priorizar alimentos frescos frente a productos ultraprocesados se asocia con un menor riesgo de enfermedades crónicas. Frutas, verduras y preparaciones poco industrializadas forman parte de un patrón dietético vinculado a una mayor esperanza de vida y mejor salud global. Estas recomendaciones no persiguen transformaciones drásticas, sino ajustes sostenibles. La regularidad de pequeñas rutinas genera efectos prolongados que impactan directamente en el proceso de envejecimiento.
Bienestar emocional y actitud vital
El enfoque de De la Peña trasciende lo puramente fisiológico. Escuchar música durante al menos 30 minutos al día se interpreta como un estímulo cognitivo y emocional. Diversos estudios sugieren que la música puede reducir el estrés, mejorar el estado de ánimo y favorecer funciones cerebrales vinculadas a la memoria y la atención. El entorno social constituye otro elemento decisivo. Rodearse de personas que generen bienestar emocional y estabilidad psicológica influye de forma directa en la salud. La evidencia científica ha vinculado la calidad de las relaciones sociales con una menor incidencia de patologías y una mayor longevidad.
Finalmente, el experto destaca la importancia de la actitud positiva. Mantener una perspectiva vital optimista no elimina los riesgos biológicos, pero sí modula la respuesta del organismo ante el estrés y la adversidad. En la investigación sobre envejecimiento, la salud mental emerge como un componente inseparable de la salud física. Así pues, la combinación de estos cinco hábitos dibuja una idea cada vez más respaldada en la literatura científica: la longevidad no depende únicamente del azar genético. Las decisiones cotidianas, repetidas durante décadas, pueden alterar de forma significativa la trayectoria vital.