Luis de la Fuente acaba de conquistar el segundo Mundial de la historia de España. Antes ya había ganado una Eurocopa y una Nations League. Es un ciclo extraordinario. Sin embargo, detrás del seleccionador campeón continúa apareciendo el niño educado por una madre firme, mientras su padre permanecía durante meses navegando lejos de casa.
Su padre era marinero y podía pasar hasta once meses en el mar. Por eso, la organización cotidiana recaía sobre su madre durante cada larga ausencia. En el pueblo la conocían como La Berti. Trabajaba, educaba a sus hijos y marcaba las normas. De la Fuente la recuerda como el auténtico centro de aquel hogar.
Una educación centrada en la disciplina y el respeto
El seleccionador recupera esos momentos en su autobiografía 'La vida se entrena cada día'. Su padre dejaba una instrucción clara antes de marcharse: había que obedecer a su madre. Ella sabía hacerse respetar, sin admitir demasiadas discusiones. Cuando las palabras no bastaban, podía quitarse la zapatilla. El gesto servía para devolver rápidamente el orden a casa.
De la Fuente habla de aquella disciplina con cariño y sentido del humor. No la presenta únicamente como autoridad. Detrás había esfuerzo, responsabilidad y una mujer obligada a multiplicarse en cualquier circunstancia complicada. Sus órdenes ayudaron a construir una educación basada en el respeto. También enseñaron al futuro entrenador que cada persona debe cumplir su función sin buscar excusas.
Luis de la Fuente aprendió en casa a ignorar las críticas
Otro consejo materno continúa acompañándolo. “Luis, tú a lo tuyo”, le decía ella en la cocina. La frase quedó grabada a fuego para afrontar momentos difíciles. Décadas después, todavía la utiliza para convivir con críticas, comentarios y polémicas. En una época dominada por las redes sociales, concentrarse en el trabajo se ha convertido en su mejor protección.
Esa idea ayuda a entender su comportamiento ante los periodistas y dentro de la selección. De la Fuente rara vez modifica su discurso por el ruido exterior. Procura mantener la calma, defender sus decisiones y continuar trabajando en cada momento decisivo. La misma constancia que aprendió en casa aparece ahora cuando debe gestionar futbolistas, expectativas y una enorme exposición pública.
Sus padres también le transmitieron una enseñanza relacionada con la humildad. Si alguna vez alguien le pedía un autógrafo, debía atenderlo y no decepcionarlo. Entonces parecía una posibilidad lejana. Hoy recibe numerosas peticiones allí donde se presenta, convertido en uno de los seleccionadores más exitosos del fútbol español.
