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La relación entre Lamine Yamal y Mounir Nasraoui no responde al modelo tradicional. La escasa diferencia de edad ha creado una conexión cercana. Comparten gustos y bromas. El futbolista reconoce que, además de verlo como padre, encuentra en él a alguien con quien puede comportarse como un amigo.

“Como es joven, también lo considero un amigo”, explicó Lamine en el programa Sense ficció de TV3. Ambos se ven cada día y comparten partidas de PlayStation. Son momentos sencillos, alejados del ruido que acompaña al jugador. Allí no hay focos, entrevistas ni presión deportiva.

Esa complicidad nació dentro de una historia familiar complicada. Mounir tenía 21 años cuando nació Lamine. Junto a Sheila Ebana, tuvo que compaginar la crianza con empleos y dificultades económicas. Apenas había empezado a construir su futuro cuando ya debía tomar decisiones importantes para ofrecer oportunidades a su hijo.

Lamine Yamal y Mounir Nasraoui

Mounir Nasraoui, a veces más amigo que padre de Lamine Yamal

Lamine ha contado hasta dónde llegó aquel esfuerzo. En una conversación con Manu Carreño en El Larguero de la Cadena SER, recordó que su padre tuvo que buscarse la vida y recoger cosas de la calle para llevar comida a casa. Para él, aquella situación representa la presión de verdad.

Mounir también reivindica el trabajo realizado por ambos progenitores. Ha explicado en redes sociales que acompañar a un joven futbolista exige constancia. El talento no basta. Hay que ayudar, desplazarse, insistir y mantener la confianza cuando aparecen obstáculos. Por eso anima a otros padres a colaborar con los sueños de sus hijos.

Por encima de todo, orgulloso de Lamine Yamal

Su figura ha estado rodeada de polémicas por publicaciones e incidentes con repercusión mediática. Sin embargo, nunca ha escondido el orgullo por Lamine. Comparte fotografías, vídeos y mensajes después de sus éxitos. Siempre que puede, acude a los partidos y sigue cada paso de su carrera deportiva.

Mounir Nasraoui y Lamine Yamal

Durante el Mundial llamó la atención su ausencia en las gradas. Mounir explicó que no viajó a Estados Unidos porque padece epilepsia. El trayecto largo y la intensidad emocional podían provocar una crisis. Decidió seguir la competición desde España, mientras otros miembros de la familia acompañaban al futbolista.

La distancia no modificó el vínculo. Padre e hijo siguieron hablando y compartiendo su experiencia de otra manera. Mounir sabe que alcanzar la élite no ha sido un camino de rosas. Ha reconocido que hubo que “pelear y luchar”, pero también se siente feliz al comprobar hasta dónde ha llegado su hijo.