Una de las claves que sirven para explicar el talento y el descaro con el cual Lamine Yamal juega en cada partido se encuentran en la gran cantidad de horas que pasó jugando en la calle. Mucha gente afirma que en el fútbol actual se echa mucho de menos la figura de ese futbolista divertido, alegre y que disfrute con la pelota en los pies, como en su momento hacían Ronaldinho Gaúcho o Diego Armando Maradona. Porque cada vez se deja menos libertad a la imaginación y a la creatividad.
Por suerte, el ‘10’ del Barça es diferente a todos, y es esa clase de futbolista por el cual merece la pena sentarse delante de la televisión, o pagar la entrada para ver un partido en directo. Nunca sabes cómo te puede sorprender, ni qué jugada se va a inventar. Y en una entrevista que concedió a ‘DAZN’, asegura que esto es gracias a los orígenes tan humildes que tiene, que le obligaron a pasar muchas horas jugando en la calle junto a sus amigos, para poder entretenerse.
Sin lujos en casa, y en un barrio donde todos se conocían, el pequeño Lamine salía de su casa cuando llegaba del colegio, y no regresaba hasta la hora de cenar, o en ocasiones, para irse a dormir directamente. Su tiempo libre lo dedicaba plenamente al fútbol, y podía pasarse largas horas sin cansarse, y jugando con niños que eran mayores que él. Una formación que le llevó a aprender muy rápido, y que pocos años después le permitió ser descubierto por los ojeadores del Barça, y entrar a la Masía.
“Jugar con los amigos en la calle es parte de mi juego y hace que sea así. Soy un niño que ha nacido en Esplugues de Llobregat, en Barcelona, mi padre es de Marruecos y mi madre de Guinea Ecuatorial. Yo no estaba apuntado al fútbol porque económicamente mis padres no podían. Sólo jugaba en el parque con niños que me encontraba en el parque o con mis perros en casa con la pelota que tenía. Hasta que un día el director de La Torreta le dijo a mis padres que podía jugar gratis, ahí probé y desde ahí tuve suerte y fui al Barça", comenzó diciendo el futbolista de 19 años.
“Cuando jugaba contra mis perros en casa no había nomas y todo lo que encontrabas podías utilizarlo para regatearlos. Cuando me mordían se acababa porque mi padre los paraba, pero estaba igualado”, antes de rememorar su llegada al Barça. “En verano, como no había cole había extraescolares, y me lo dijo un amigo porque mi madre se lo había dicho a la vecina. ¡Lo sabía todo el mundo menos yo, que me enteré el último! Me dijo mi amigo que iba a jugar en el Barça la siguiente temporada. Creí que me estaba vacilando, miré a mi madre, me digo que sí y subí con mi amigo y nos pusimos a jugar con la play con el Barça”, sentenció Lamine.
