Júlia Farré ha puesto el foco en un hábito muy común que muchas personas pasan por alto como el tiempo que dejamos entre la cena y el desayuno. La nutricionista considera que no solo importa qué comemos, sino también cuándo lo hacemos, y advierte que cenar después de las nueve de la noche y desayunar antes de las nueve de la mañana puede dejar un margen demasiado corto para el descanso digestivo.
Lo explicó en una publicación en TikTok, donde planteó una pregunta muy directa: “¿Cenas más tarde de las 21:00 y desayunas antes de las 09:00? Pues esto no es bueno para tu salud”. Farré recomienda dejar alrededor de 12 horas entre ambas comidas para favorecer el descanso del aparato digestivo y respetar mejor el ritmo nocturno del organismo.
El cuerpo también necesita descansar de la comida
Durante la noche, el sistema digestivo reduce su actividad y el organismo entra en una fase de descanso y reparación. Si cenamos muy tarde y volvemos a comer muy temprano, ese periodo sin ingesta se acorta y puede afectar a la sensación de descanso y a la organización natural de las comidas.+
Farré explica que ese ayuno nocturno no debe entenderse necesariamente como una dieta de ayuno intermitente estricta, sino como una forma sencilla de ordenar los horarios. Si una persona cena a las nueve, por ejemplo, retrasar el desayuno hasta las nueve del día siguiente ya permite completar esas 12 horas sin necesidad de modificar demasiado la alimentación.
No se trata solo de cenar menos
La nutricionista también insiste en que el objetivo no es saltarse comidas ni pasar hambre, sino adaptar los horarios. Muchas veces el problema aparece cuando las cenas se retrasan demasiado por trabajo, ocio o rutinas familiares y, aun así, el desayuno sigue haciéndose muy pronto al día siguiente. La clave está en encontrar un margen razonable entre ambas comidas y mantener cierta regularidad. Además, conviene que la cena sea suficientemente ligera para no dificultar el descanso y evitar grandes cantidades justo antes de ir a dormir.
El mensaje de Farré es sencillo: una dieta saludable no depende únicamente de alimentos concretos. También importa cómo distribuimos las comidas a lo largo del día. Y dejar unas 12 horas entre la cena y el desayuno puede ser una forma fácil de mejorar esa organización.
