Juan Miguel Ramírez, jubilado y residente en Canarias, denuncia la imposibilidad de acceder a una vivienda con su pensión: “Cobro 515 euros de pensión y no puedo tener una habitación”. Su caso refleja la situación de muchas personas mayores que dependen exclusivamente de su pensión y se enfrentan a un mercado de alquiler inalcanzable y a una forma de vida que no imaginaban para su vejez.

Con 515 euros al mes, Juan Miguel no consigue encontrar un lugar donde vivir de manera digna. Los precios de los alquileres en Canarias superan ampliamente sus ingresos, y las opciones económicas disponibles suelen estar en condiciones precarias o con problemas de habitabilidad. Por ello, el jubilado se ha visto obligado a instalarse en la calle, utilizando una tienda de campaña como única forma de tener algo parecido a un techo.

El drama de los jubilados con pensiones bajas

El caso de Juan Miguel no es aislado. Cada vez son más los jubilados en España cuya pensión mínima no permite cubrir los gastos básicos, especialmente la vivienda. En zonas con alquileres elevados o con escasez de vivienda asequible, los mayores se enfrentan a la difícil decisión de priorizar entre alimentación, medicinas o techo.

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🔴 Juan Miguel Ramírez Delgado es un jubilado de Hoya Andrea, en Las Palmas de Gran Canaria, que desde hace un año se ha visto obligado a vivir en una caseta de campaña debido a que no puede costearse un alquiler porque solo cobra 515 euros de pensión no contributiva. El propio Juan Miguel Ramírez solo pide «una habitación y no estar como un perro, tirado». Además, este hombre padece Polineuropatía, un trastorno de los nervios periféricos que provoca la pérdida progresiva de masa muscular. #canarias #grancanaria #jubilado #vivienda #sinhogar #parati

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Organizaciones sociales alertan de que la situación se agrava en islas como Canarias, donde la demanda de alquiler y el turismo encarecen aún más los precios. La falta de residencias accesibles y alquiler social deja a muchos jubilados sin alternativa, obligándolos a depender de la caridad o, como en el caso de Juan Miguel, a vivir en la calle.

Qué soluciones se proponen

Entre las soluciones planteadas, se encuentra la creación de vivienda pública o social para mayores, ayudas económicas específicas para alquiler y la actualización de las pensiones mínimas al coste real de vida. Sin estos mecanismos, los jubilados con ingresos bajos seguirán en riesgo de exclusión y sin acceso a una vivienda digna. Garantizar un techo adecuado es fundamental no solo para la salud física, sino también para la salud mental de las personas mayores. La inseguridad habitacional aumenta la vulnerabilidad frente a enfermedades, aislamiento y pobreza y en un mercado como el actual, una pensión tan baja es una condena.

Así pues, el caso de Juan Miguel Ramírez pone de relieve un problema creciente en España: las pensiones mínimas ya no permiten cubrir las necesidades básicas en muchas regiones, y la falta de vivienda asequible agrava la exclusión social de los jubilados. Su historia es un reflejo de la urgencia de políticas públicas que garanticen un techo digno para todos los mayores.