Juan López, un jubilado, tiene clara cuál ha sido una de las decisiones más importantes de su jubilación: no dejar de moverse. “El humano está hecho para el movimiento, si te quedas quieto llegan los males”, resume. Su reflexión apunta a algo que muchos descubren al retirarse, ya que cuando desaparecen los horarios, los desplazamientos y la actividad asociada al trabajo, es fácil pasar demasiadas horas sentado sin darse cuenta.
Jubilarse no obliga a convertirse en deportista, pero sí cambia la rutina de golpe. Antes había trayectos, escaleras, recados, desplazamientos o simplemente más tiempo de pie. Al dejar de trabajar, todo eso puede reducirse. La Organización Mundial de la Salud recuerda que cualquier cantidad de actividad física es mejor que ninguna y que mantenerse activo ayuda al corazón, al cuerpo y también al bienestar mental.
El riesgo de convertir la jubilación en inmovilidad
La idea de López no consiste en correr maratones ni pasar horas en el gimnasio. Habla de caminar, salir a comprar, cuidar un jardín, hacer tareas domésticas, subir escaleras o buscar actividades que obliguen a levantarse del sofá. Ese movimiento cotidiano puede parecer poco, pero suma. Para muchas personas mayores, mantener una vida activa también significa conservar autonomía y confianza para seguir haciendo cosas solas.
Las recomendaciones actuales para mayores de 65 años incluyen al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, además de ejercicios de fuerza y actividades que mejoren el equilibrio. No hace falta hacerlo todo de una vez. Caminar unos minutos cada día, levantarse con frecuencia y mantener pequeñas obligaciones puede ser una forma más realista de evitar periodos prolongados de sedentarismo.
Moverse también ayuda a mantener una rutina
Hay además un componente psicológico importante. El trabajo estructura el día durante décadas y, cuando desaparece, algunas personas pierden también la obligación de salir de casa. Tener una caminata fija, ir al mercado, quedar con amigos o acudir a una actividad puede convertirse en una nueva referencia diaria. El movimiento acaba funcionando también como excusa para mantener contacto social y objetivos sencillos.
Por eso la frase de Juan López resume una idea más profunda que simplemente hacer ejercicio. La jubilación ofrece descanso, pero descansar no significa permanecer quieto todo el día. El objetivo es adaptar la actividad a la edad, las capacidades y cualquier problema de salud, sin compararse con nadie. Seguir moviéndose, aunque sea poco, ayuda a conservar funciones que después cuesta recuperar cuando se abandonan durante demasiado tiempo. Eso puede marcar una diferencia enorme en cómo se vive la vejez diaria.
