La Florida ya no tiene los mismos vecinos que durante la infancia de Jordi Alba. Sin embargo, conserva su identidad. Así lo explicó Miguel, padre del futbolista, en El País: “Antes eran de Andalucía o de Extremadura y ahora vienen de China o de Pakistán”. Cambiaron las procedencias. Permaneció el carácter trabajador y multicultural del barrio.
Esa transformación sirve para entender al lateral del Barcelona. Alba nunca presentó L’Hospitalet como un lugar del que hubiera escapado. Al contrario. El éxito no borró sus referencias. “Soy un chico de barrio”, decía. Continuaba viendo a compañeros del colegio, vecinos y comerciantes. También iba al cine o cenaba con sus amigos en el centro comercial.
L’Hospitalet sigue siendo la casa de Jordi Alba
Su relación con La Florida no se limita a regresar. Su familia ha continuado viviendo en L’Hospitalet. Esa presencia mantiene abiertas las conexiones con una vida anterior a la fama. Mientras mucha gente lo identificaba con grandes estadios, él todavía encontraba normalidad en planes sencillos. Allí no necesitaba actuar como una estrella ni explicar quién era.
El fútbol comenzó lejos de cualquier escenario profesional. Jordi y su hermano David utilizaban calles, pasillos o rincones libres para jugar. Óscar Milla los vio convertir incluso la emisora de Ràdio y TV de L’Hospitalet en un campo improvisado. Había que reprenderlos. Ellos escuchaban durante unos segundos y después volvían a perseguir el balón.
En el Hospitalense apareció el competidor. Raúl Rodríguez coincidió con él cuando Jordi tenía siete años y jugaba contra niños de nueve. En declaraciones a Mundo Deportivo, recordó que “se iba de todos, parecía Messi”. Su escasa altura no representaba un problema. Protegía la pelota, asumía responsabilidades y ya ejercía como capitán dentro del equipo.
De las calles de L’Hospitalet a lo más alto
El talento no le evitó los obstáculos. Pasó por la cantera del Barça, pero no continuó debido a su estatura. En lugar de abandonar, buscó otra ruta. Creció en el Cornellà, fichó por el Valencia y salió cedido al Nàstic. Cada etapa añadió experiencia hasta convertirlo en un lateral preparado para regresar al club que había prescindido de él.
Cumplir aquel sueño tampoco cambió completamente sus costumbres. Su ídolo infantil era Romario y su objetivo siempre había sido vestir de azulgrana. Lo consiguió, ganó títulos y alcanzó reconocimiento internacional. Aun así, mantuvo a sus amigos anteriores al fútbol profesional. Esa continuidad explica una frase suya: “Tampoco voy a cambiar ahora porque juegue en el Barcelona”.
