La figura de Joaquín Sabina siempre ha estado rodeada de un aura de rebeldía, pero detrás del personaje público existe una historia familiar marcada por tensiones, expectativas y desencuentros. El propio cantautor lo ha resumido en una frase tan directa como reveladora: “Yo solo les di disgustos. Era la oveja negra”.

En su familia, Sabina creció junto a su hermano Francisco, conocido como ‘Curro’, en un entorno donde las comparaciones eran inevitables. Uno representaba el camino tradicional, la estabilidad y la continuidad con lo que marcaban los padres; el otro, en cambio, empezaba a construir una identidad que chocaba frontalmente con lo que se esperaba de él. Y parece evidente cual de los dos era nuestro Joaquín Sabina.

Dos hermanos, dos direcciones opuestas

El contraste entre ambos perfiles se convirtió en un elemento constante dentro del núcleo familiar. Mientras su hermano encarnaba la figura del hijo responsable, Joaquín se inclinaba por una vocación que en aquel momento resultaba difícil de comprender dentro de su casa. La anécdota que el propio artista ha recordado en distintas ocasiones resume bien esa distancia. Ante un mismo hito académico, uno pidió un reloj como regalo; el otro, una guitarra. No era una simple elección, sino una declaración de intenciones que anticipaba dos trayectorias vitales completamente distintas y dos formas de entender la vida.

Joaquín Sabina
Joaquín Sabina

Sus padres, Jerónimo y Adela, observaban con desconcierto esa obsesión por la música y la composición. La idea de dedicarse a escribir canciones no encajaba fácilmente en una familia donde la figura paterna estaba vinculada a la disciplina policial y poco tenía que ver con lo que estaba en la cabeza de Sabina.

El exilio y el mayor conflicto

Cuando Sabina habla de su exilio, lo hace en sentido estrictamente literal. Su vinculación política durante los años del franquismo lo llevó a abandonar España, un episodio que intensificó las fracturas familiares. “Me exilié, estuve meses sin escribir”, ha explicado, describiendo una etapa marcada por la incertidumbre y la ruptura. El componente más dramático de aquel periodo radica en la posición de su padre. Como miembro de las fuerzas de seguridad, Jerónimo Sabina quedó situado en una encrucijada emocional y profesional difícil de imaginar. La trayectoria del hijo colisionaba directamente con el mundo que el padre representaba.

Así pues, la historia personal del cantautor ilustra un como las expectativas de unos padres que, al fin y al cabo, solo quieren lo mjor para su hijo, chocan frontalmente con lo que quiere para uno mismo. Y eso, acaba con 'ovejas negras' dentro de los núcleos familiares.