Joan Laporta ha recordado su juventud y una etapa de su vida completamente alejada del fútbol, como lo fuer la del servicio militar obligatorio. Su primer destino fue Tenerife, donde vivió una experiencia exigente, marcada por la disciplina, el esfuerzo físico y unas condiciones que incluso llevaron a los soldados a organizar una protesta para reclamar una alimentación adecuada.
El presidente del Barça recuerda maniobras con armas, pistolas y granadas, además de pruebas de valor como saltar desde un trampolín de doce metros. Para un joven acostumbrado a otra vida, aquel entorno supuso un choque profundo. La mili no fue una anécdota breve, sino una etapa dura que puso a prueba su resistencia y su capacidad para adaptarse.
Una fuga que terminó con quince días de arresto
Después de Tenerife fue destinado a la Academia de Caballería de Valladolid, un centro caracterizado por una disciplina todavía más rígida. Laporta ha explicado que un día decidió escaparse. Quería regresar a Barcelona y recuperar por unas horas la libertad que sentía perdida, pero la aventura terminó rápidamente cuando descubrieron su ausencia y recibió un castigo severo.

“Me escapé un día, me arrestaron y me recluyeron quince días”, recuerda. La sanción implicó aislamiento y una vigilancia estricta antes de que fuera trasladado al Cuartel del Bruc. Laporta relata incluso que allí lo arrastraron durante aquellos días, una imagen que refleja la dureza de una institución en la que cualquier incumplimiento se castigaba con contundencia.
Del Cuartel del Bruc a una personalidad rebelde
Su llegada al Bruc le permitió completar el servicio más cerca de casa, aunque tampoco eliminó su tendencia a desafiar las normas. Laporta ha contado otras escapadas y decisiones impulsivas que ya mostraban una personalidad inconformista. No se veía cómodo obedeciendo sin cuestionar y buscaba cualquier oportunidad para recuperar el control sobre su propia vida.
Con el paso del tiempo, recuerda aquella etapa como una experiencia extrema que fortaleció su carácter. La disciplina militar chocaba con su manera de ser, pero también le enseñó a soportar presión, asumir consecuencias y reaccionar ante situaciones difíciles. Antes de convertirse en abogado y presidente del Barça, Laporta fue un joven que protestó por la comida, manipuló armas, superó pruebas físicas y terminó encerrado por escaparse. Aquellos quince días de arresto quedaron como una de las historias más intensas de su juventud. Una experiencia que todavía explica su seguridad, rebeldía y resistencia cuando afronta conflictos bajo una exposición pública.