Durante décadas, los bazares chinos fueron omnipresentes en casi todas las ciudades españolas: tiendas llenas de objetos variados —desde artículos para el hogar hasta pequeños electrodomésticos o productos de temporada— con precios bajos y abiertas muchas veces sin descanso. Para la comunidad china, estos negocios fueron un punto de entrada económico y social en España, fáciles de gestionar sin dominar el idioma y con márgenes aceptables. Sin embargo, en los últimos años se ha observado una tendencia a que muchos de estos bazares cierren sus puertas y que los emprendedores chinos diversifiquen sus inversiones hacia otros sectores más rentables y sostenibles.
El auge y la transformación de los bazares chinos
Los bazares chinos se consolidaron en España en los últimos 25 años como negocios accesibles para inmigrantes recién llegados. Para muchos, abrir un bazar o un bar era viable porque no requería dominar el idioma: con gestos o frases simples como “fondo derecho”, los clientes podían encontrar lo que buscaban sin necesidad de una comunicación compleja entre vendedor y comprador.
Además, estos comercios ofrecían a sus propietarios flexibilidad y control directo sobre la gestión, y con cifras de facturación que en muchos casos rondaban los 100 000 € anuales, podían ser una forma de vida sostenible para familias enteras.
No obstante, varios factores han cambiado este panorama en los últimos años. Por un lado, la evolución de los hábitos de consumo ha afectado directamente a las tiendas físicas. El auge de la compra online, con plataformas como Amazon, AliExpress o Temu ofreciendo productos similares a menudo con precios más competitivos y entrega a domicilio, ha hecho que muchos consumidores opten por no visitar tiendas físicas, reduciendo la afluencia y, en consecuencia, la rentabilidad de los bazares tradicionales.
También se han sumado factores económicos estructurales: el aumento de los costes de alquiler, suministros y normativas administrativas, así como márgenes de beneficio cada vez más ajustados, han puesto presión sobre los pequeños comercios familiares que, a diferencia de las grandes cadenas, no pueden absorber fácilmente estos incrementos de gasto.
Hacia qué otros negocios se orienta la comunidad china
Lejos de retirarse del tejido empresarial español, muchos emprendedores chinos están reasignando sus inversiones a nuevos sectores. La comunidad, que en 2024 superaba los 226 000 residentes y donde más de la mitad de las personas en edad laboral son autónomos, ha encontrado oportunidades más especializadas y con mayor valor añadido.
En Barcelona y otras ciudades, esto se traduce en la apertura de restaurantes y bares, muchos de ellos no solo de comida asiática sino también de cocina local española; tiendas de moda y complementos; salones de belleza; academias educativas; agencias de viajes especializadas; asesorías legales y consultorías; supermercados con productos asiáticos, y boutiques dirigidas tanto a locales como a turistas.
Este movimiento responde tanto a una evolución de las prioridades de la segunda generación de inmigrantes, que busca negocios menos dependientes del trabajo físico constante, como a un cambio en la demanda de los consumidores, que ahora valoran servicios más especializados y experiencias comerciales diversas.
Conclusiones: adaptación y cambio generacional
Lo que relata Jiajun Yin sobre el cierre de bazares no es tanto una retirada de la comunidad china del mundo empresarial español como una fase de transformación natural. Los bazares, antaño símbolo del emprendimiento inicial, están siendo reemplazados por modelos de negocio que ofrecen mayor estabilidad, potencial de crecimiento y adaptación a las nuevas formas de consumo. Esta transición refleja tanto los cambios económicos actuales como la capacidad de la comunidad china para reinventarse y seguir siendo un actor dinámico en la economía local.
