Javier Albares, psicólogo infantil: “Normalizamos las pantallas en niños como se hizo con el tabaco”

Javier Albares lleva tiempo alertando sobre algo que muchas familias han normalizado: niños pequeños utilizando móviles, tabletas o televisión. El especialista compara esta aceptación social con lo que ocurrió durante décadas con el tabaco, cuando fumar estaba integrado en la vida cotidiana y sus riesgos se minimizaban. Con las pantallas, sostiene, podría estar pasando algo parecido, ya que primero llegan a todas partes y después comprendemos sus consecuencias.

La preocupación no está en utilizar una pantalla de forma puntual, sino en convertirla en una presencia constante durante una etapa en la que el cerebro se desarrolla. Cuando sustituye sueño, juego, conversación o movimiento, puede desplazar experiencias necesarias para aprender a regular emociones, mantener la atención y relacionarse. La OMS recuerda que, durante los primeros años, el desarrollo depende del juego activo, el descanso y la interacción directa.

Cuando la pantalla sustituye experiencias

Albares insiste especialmente en el sueño. La exposición prolongada, sobre todo por la noche, puede retrasar la hora de acostarse y mantener al niño estimulado cuando debería desconectar. Dormir menos afecta a la concentración, la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional. El problema se agrava cuando el dispositivo se utiliza para calmar rabietas, evitar aburrimiento o conseguir que el niño coma.

@urisabat

Javier Albares lo advierte: las pantallas están robando el sueño y la infancia de nuestros hijos. Menos tiempo en familia, menos actividad física, menos lectura, menos aburrimiento (que es clave para la creatividad) y peor alimentación. El neurofisiólogo nos da las pautas para proteger a los más pequeños. 🎙️ Episodio disponible en La Fórmula del Éxito #JavierAlbares #Infancia #Pantallas #Creatividad #SueñoInfantil #LaFórmuladelÉxito

♬ sonido original - Uri Sabat

El paralelismo con el tabaco sirve para explicar la normalización. Durante años, fumar se veía en restaurantes, hogares, oficinas e incluso junto a niños. La percepción social cambió cuando la evidencia sobre sus daños llegó a normas y hábitos. Albares cree que con las pantallas todavía estamos en una fase en la que su presencia masiva hace que muchos adultos las interpreten como inevitables.

Los adultos también forman parte del problema

No basta con prohibir el móvil a un niño mientras los padres consultan el suyo. Los menores aprenden por imitación y perciben qué ocupa la atención de los adultos. Establecer momentos sin pantallas durante las comidas, antes de dormir o mientras se conversa puede ser más efectivo que imponer reglas que los mayores incumplen. La coherencia familiar es parte del aprendizaje.

La comparación no significa que una pantalla sea equivalente al tabaco en toxicidad. El argumento de Albares apunta al mecanismo social: banalizar primero y reaccionar después. Las recomendaciones sanitarias no exigen eliminar toda tecnología, sino ajustar su uso a la edad y evitar que desplace sueño, ejercicio, juego y contacto humano. En menores pequeños, cuanto menos tiempo frente a pantallas, mejor. El objetivo es impedir que una herramienta ocupe el espacio de experiencias que ningún dispositivo puede sustituir.