Bajar el aire acondicionado por debajo de 24 grados parece, a simple vista, la forma más rápida de refrescar una casa. Sin embargo, Iván Terrón, asesor energético, advierte de que ese gesto no siempre mejora el confort y sí puede disparar el consumo. “Si pones el aire a menos de 24 grados, gastas más y la sensación es la misma”, explica. La clave está en entender que el aparato no enfría mejor por marcar una temperatura más baja, sino que trabaja durante más tiempo y con más esfuerzo para intentar alcanzarla.
El error es muy habitual en verano. Se entra en casa con calor, se coge el mando y se baja el termostato a 18, 19 o 20 grados pensando que así la estancia se enfriará antes. Pero el funcionamiento del aire acondicionado no va así. El equipo no lanza aire “más frío” por seleccionar una cifra extrema; simplemente alarga el tiempo de trabajo hasta acercarse al objetivo marcado.
Menos grados no siempre es más confort
A partir de cierto punto, la diferencia de sensación térmica es mucho menor de lo que parece. Una habitación a 24 o 25 grados, con el aire bien orientado, persianas bajadas y puertas cerradas, puede resultar igual de confortable que otra a 21. La diferencia real está en la factura: cuanto más baja es la temperatura seleccionada, más energía necesita el equipo para mantenerla.
@ivanterronasesor El aire siempre se pone entre 24 y 25° el aire siempre va a enfriar igual ya lo pongas a 24 o 18 simplemente va a tardar más en llegar a esa temperatura #aireacondicionadoautomotriz #aire #verano #calor
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Por eso Terrón insiste en no confundir frescor con el exceso de frío. Un aire demasiado bajo puede generar contrastes incómodos, sequedad, molestias musculares y una sensación artificial que obliga incluso a taparse dentro de casa. En términos de eficiencia, es mucho más inteligente buscar estabilidad que forzar el aparato al máximo.
La clave está en mantener una temperatura estable
El consejo práctico es ajustar el aire en torno a los 24 grados o algo más, según la vivienda, la orientación y la humedad. Si la casa está bien protegida del sol, esa temperatura suele ser suficiente para sentirse cómodo sin exigir demasiado al equipo. Además, usar ventilador de apoyo puede mejorar la sensación de frescor sin bajar más el termostato.
También conviene evitar encender y apagar constantemente el aparato. Cada vez que la estancia vuelve a calentarse, el equipo debe trabajar de nuevo con más intensidad. Mantener una temperatura razonable y constante suele ser más eficiente que convertir el aire acondicionado en una solución de golpes bruscos. La idea de Terrón desmonta una costumbre muy extendida. Poner el aire a menos de 24 grados no garantiza estar mejor, pero sí aumenta el consumo. El verdadero ahorro está en usarlo con cabeza: temperatura estable, casa protegida del sol y un ajuste que refresque sin convertir la vivienda en una nevera.