Hansi Flick ha hablado en varias ocasiones de la importancia que tuvieron sus padres en su camino hacia el fútbol profesional. El técnico alemán creció en una familia humilde, marcada por responsabilidades asumidas muy pronto. “Mi madre me dio a luz a los 16 años”, recordó en una ocasión. También explicó que su padre era muy joven cuando tuvo que hacerse cargo de una familia que creció rápidamente.
Flick siempre ha relacionado esa infancia con la forma en la que entiende el esfuerzo. Su padre trabajó duro para que en casa no faltara lo necesario y, al mismo tiempo, intentó darle a su hijo la oportunidad que él mismo no había podido tener. “Hizo todo lo posible para ayudarme a lograr lo que él no pudo: convertirme en un verdadero futbolista”, explicó el entrenador.
Su padre no pudo cumplir su sueño, pero quiso que Hansi sí lo hiciera
El fútbol estaba presente desde muy pronto en la vida de Flick. Durante su etapa escolar repetía a sus profesores que quería convertirse en futbolista profesional, una aspiración que podía parecer lejana para un niño que crecía en un entorno donde cada decisión familiar exigía esfuerzo.
Su padre entendía especialmente bien ese deseo porque él también había soñado con dedicarse al fútbol. No consiguió convertirlo en una profesión, pero decidió apoyar a su hijo para que tuviera más oportunidades. Mientras asumía la responsabilidad económica de una familia numerosa, buscó la manera de acompañar también las aspiraciones deportivas de Hansi.
Flick nunca olvida el esfuerzo que hicieron sus padres
Con el tiempo, aquel sueño terminó convirtiéndose en realidad. Flick consiguió jugar profesionalmente y después construyó una carrera todavía más importante desde los banquillos. Pero cuando recuerda sus primeros años, no presenta su trayectoria como el resultado exclusivo de su talento o de su perseverancia. El alemán pone buena parte del mérito en sus padres. Su madre afrontó la maternidad siendo todavía adolescente y su padre tuvo que asumir muy pronto unas responsabilidades enormes. A pesar de ello, ambos intentaron que sus hijos dispusieran de oportunidades que ellos no habían tenido.
Ese recuerdo sigue acompañando a Flick décadas después. Antes de convertirse en uno de los entrenadores más reconocidos del fútbol europeo, fue un niño convencido de que algún día viviría de este deporte. Su padre no pudo cumplir ese mismo sueño, pero trabajó para que su hijo sí pudiera intentarlo. Para Flick, buena parte de su carrera empezó mucho antes de pisar un gran estadio: comenzó con el sacrificio de unos padres que hicieron todo lo posible para que pudiera perseguir aquello que más quería.
