Para muchas personas, los sonidos de la vida diaria —como alguien que mastica con la boca abierta, respira fuerte o hace ruidos repetitivos con la boca— pueden provocar una respuesta emocional intensa: asco, irritación o incluso ira. Hans, psicólogo especializado en respuestas emocionales y conductas humanas, explica que esto no es “una simple molestia”, sino un proceso cerebral en el que vinculamos estímulos sonoros con emociones negativas profundas.

¿Por qué reaccionamos con asco o ira a ciertos sonidos?

Lo que comúnmente se describe en personas que sienten una reacción exagerada ante sonidos específicos se denomina misofonía, que literalmente significa “odio al sonido” (del griego miso = odio, fonía = sonido). No todas las personas la experimentan, pero cuando sucede, los sonidos cotidianos como masticar, sorber o respirar se vuelven irritantes o intolerables.

Hans destaca que esto ocurre porque el cerebro no procesa esos sonidos como información neutra, sino que los asocia con percepción de amenaza o intrusión al espacio personal. Ese mecanismo evolucionó en nuestros ancestros para detectar sonidos que indicaban peligro; el problema surge cuando estimulación cotidiana activa erróneamente esa respuesta defensiva.

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♬ sonido original - Hans Fischer - Hans Fischer

Los sonidos repetitivos y cercanos —especialmente producidos por otros humanos— pueden desencadenar un circuito emocional intenso que incluye:

  1. Amígdala activada: Esta estructura cerebral identifica estímulos amenazantes y genera respuestas emocionales rápidas. En personas con misofonía, la amígdala responde exageradamente a sonidos específicos, interpretándolos como “molestos” o “perturbadores”, aunque no sean peligrosos.

  2. Sistema límbico en alerta: La amígdala comunica al sistema límbico (centro de emociones y memoria) que hay un estímulo negativo. Esto puede activar emociones como asco o ira instantáneamente, sin pasar por razonamientos deliberados.

  3. Respuesta de estrés: El cuerpo puede liberar cortisol y adrenalina, generando tensión física, irritabilidad y la necesidad de “huir” del sonido.

Debido a esta respuesta cerebral acelerada, no es raro sentir irritación extrema antes de poder “pensar” que el sonido es solo eso: un sonido. Para muchas personas, la reacción ocurre en fracciones de segundo.

¿Es solo intolerancia o un problema emocional?

Para quienes no experimentan este fenómeno, puede parecer exagerado. Pero para quien sí lo vive, no es una preferencia ni un simple fastidio: es una respuesta emocional, automática y fisiológica. Hans subraya que culpar a la persona (“no tienes autocontrol”) no solo es inexacto, sino que puede aumentar su angustia. La misofonía está siendo cada vez más estudiada, y los expertos coinciden en que combina procesos sensoriales y emocionales, no una “caprichosa intolerancia”.

 
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¿Qué sucede en el cerebro?

En resumen, cuando alguien escucha repetidamente sonidos desencadenantes como masticar o respirar cerca:

  • El cerebro identifica el sonido como invasivo o perturbador.

  • La amígdala recibe la señal y dispara una respuesta emocional.

  • El cuerpo reacciona con asecto, irritación o ira, incluso antes de que la persona sea consciente de ello.

  • Esta reacción puede reforzarse con el tiempo, volviéndose más intensa.

Hans enfatiza que entender este mecanismo no invalida tus emociones, sino que te permite gestionar mejor la situación —por ejemplo, usando técnicas de respiración, distanciación física o estrategias de regulación emocional.