Cada campaña de la renta deja la misma escena repetida en miles de hogares. Jubilados que descubren de repente que deben pagar a la Agencia Tributaria importes mucho mayores de lo esperado. No es un error, ni una sanción, ni un cambio inesperado en la normativa. Y es que en la mayoría de los casos, el origen del susto es mucho más simple como un desajuste en las retenciones del IRPF aplicadas durante el año.

El problema aparece con especial frecuencia entre pensionistas que perciben ingresos de más de una fuente. Una situación cada vez más habitual es la pensión de jubilación combinada con viudedad, rescates de planes de pensiones, alquileres o incluso trabajos compatibles. Cada pagador calcula su retención de forma independiente, como si fuese el único ingreso del contribuyente, lo que puede generar una distorsión relevante en el resultado final y obligando a pagar más en la campaña de la renta.

El origen de un importante susto fiscal

El IRPF es un impuesto progresivo que grava la renta total del contribuyente, no cada ingreso por separado. Sin embargo, las entidades pagadoras aplican retenciones mínimas ajustadas únicamente a la cuantía que abonan. Cuando las pensiones individuales son bajas o medias, esos porcentajes pueden resultar muy reducidos, incluso simbólicos.

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La consecuencia se produce al presentar la declaración anual. Ahí, al sumar todos los ingresos, el jubilado puede situarse en tramos superiores de tributación donde los tipos impositivos son mayores. Si las retenciones practicadas durante el año han sido insuficientes, el resultado se traduce en una liquidación a ingresar que sorprende por su cuantía y porque se entiende que ya se pagó en su momento.

El ajuste que puede evitar problemas

Para evitar este escenario, la normativa contempla un mecanismo sencillo como lo es solicitar voluntariamente un incremento en la retención del IRPF. No se trata de pagar más impuestos, sino de ajustar los anticipos mensuales para que el cálculo final resulte más equilibrado. Es, en esencia, una medida de planificación fiscal preventiva. Los pensionistas pueden solicitar a su pagador principal, habitualmente la Seguridad Social, que aplique un tipo de retención superior al mínimo legal. De este modo, el impuesto se distribuye de forma más uniforme a lo largo del ejercicio, evitando concentrar el pago del IRPF en la Renta.

Así pues, muchos de los sobresaltos fiscales que afectan a jubilados no responden a cambios normativos ni a penalizaciones. En la práctica, suelen derivar de retenciones demasiado bajas. Ajustarlas a tiempo no elimina la obligación tributaria, pero sí reduce significativamente la probabilidad de enfrentarse a facturas inesperadas cuando llega el momento de rendir cuentas con Hacienda.