Gonzalo Bernardos ha vuelto a poner el foco en una comparación que sorprende a muchos trabajadores, ya que según el economista, un jubilado español puede cobrar más que uno alemán pese a que los salarios en Alemania son superiores. La explicación no está en que España sea más rica, sino en la relación entre el último sueldo y la pensión pública que se recibe después de retirarse.
Bernardos sostiene que España tiene una de las tasas de sustitución más elevadas de la OCDE. En términos netos, sitúa la primera pensión alrededor del 83% del último salario, mientras que en Alemania la proporción ronda el 50%. Eso significa que el trabajador español pierde menos capacidad de renta cuando se jubila, aunque durante su vida laboral haya cobrado bastante menos.
Un sistema mucho más generoso con el último sueldo
La comparación no significa que todos los jubilados españoles ingresen más euros que todos los alemanes. Bernardos habla sobre todo de la generosidad relativa del sistema y de cuánto conserva cada pensionista respecto a sus ingresos anteriores. Alemania utiliza un sistema de puntos ligado a las cotizaciones acumuladas, mientras España mantiene una prestación definida calculada mediante bases y años cotizados.
El economista utiliza esta diferencia para explicar por qué considera especialmente favorable la posición de los actuales pensionistas españoles. Además de una tasa de sustitución elevada, muchos hogares mayores llegan a la jubilación con la vivienda pagada, lo que reduce uno de los gastos mensuales más importantes. En Alemania, por el contrario, una caída mayor de ingresos puede obligar a complementar la pensión con ahorro privado o trabajo.
La advertencia está en lo que viene después
Pero Bernardos no presenta esta ventaja como una buena noticia sin consecuencias. Su argumento principal es que mantener prestaciones tan elevadas resulta cada vez más difícil cuando aumenta el número de jubilados y la esperanza de vida. Si las cotizaciones no cubren todo el gasto, el sistema necesita transferencias procedentes de impuestos y otros recursos públicos para completar la financiación.
Por eso su comparación con Alemania termina convirtiéndose en una advertencia sobre sostenibilidad. España protege mejor, en términos relativos, el salto desde el salario hasta la pensión, pero esa generosidad tiene un coste creciente. Bernardos plantea que las futuras reformas acabarán obligando a combinar más cotizaciones, jubilaciones más tardías o ajustes en las prestaciones. Para quienes ya están jubilados, la situación actual puede ser favorable; para quienes todavía trabajan, la pregunta decisiva no es solo cuánto cobrarán, sino si las mismas condiciones podrán mantenerse durante décadas.
