Hacer ejercicio únicamente cuando apetece puede convertirse en uno de los mayores obstáculos para mantener una vida activa. Felipe Isidro, catedrático en educación física, propone cambiar por completo esa manera de entenderlo: “Hay que entender el ejercicio como lavarse los dientes”. Es decir, no debería depender del estado de ánimo, de la motivación del día ni de si encontramos una actividad especialmente divertida.
La comparación es sencilla. Nadie espera levantarse con ganas de cepillarse los dientes para hacerlo. Se convierte en una rutina porque entendemos que es necesaria para nuestra salud. Con la actividad física debería ocurrir algo parecido: reservarle un espacio estable dentro del día y cumplirlo con la misma naturalidad con la que asumimos otras obligaciones básicas de autocuidado.
La motivación no puede ser el único motor
Uno de los problemas de plantear el ejercicio exclusivamente como disfrute es que la motivación cambia constantemente. Habrá días en los que salir a caminar, entrenar o ir al gimnasio resulte atractivo, pero también jornadas de cansancio, estrés o falta de ganas. Si cada sesión depende de sentir entusiasmo, mantener la constancia se vuelve mucho más complicado.
@urisabat ¿Y si te dijera que entrenar no es cuestión de ganas… sino de supervivencia? En este episodio de La Fórmula del Éxito, Felipe Isidro —catedrático en Educación Física y experto en ejercicio, salud y longevidad— lanza un mensaje que deberías escuchar: El ejercicio no es un hobby. Es una necesidad. Hemos aprendido a tratar el entrenamiento como algo opcional: “si me apetece voy, si tengo tiempo lo hago”. Pero tu cuerpo funciona diferente. Lo que no usas, lo pierdes. Si no entrenas fuerza, movilidad y capacidad física hoy, mañana perderás algo mucho más valioso: tu independencia. El ejercicio es como lavarte los dientes. No lo haces porque siempre sea divertido. Lo haces porque sabes lo que pasa si no lo haces. Este fragmento es solo una parte de una conversación que puede cambiar tu forma de ver la salud. 🎙️ Episodio disponible en La Fórmula del Éxito #salud #ejercicio #longevidad #habitosaludables #LFDE
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Convertirlo en hábito reduce precisamente esa negociación interna. No hace falta preguntarse cada mañana si apetece hacerlo, porque la decisión ya está tomada de antemano. La actividad física pasa a ocupar un lugar concreto dentro de la rutina y deja de competir continuamente con otras opciones aparentemente más cómodas o atractivas.
Una obligación que también puede disfrutarse
Eso no significa que practicar deporte tenga que convertirse en un castigo. Elegir actividades agradables facilita enormemente mantenerlas, pero el mensaje de Isidro apunta a algo diferente: el disfrute no debería ser una condición imprescindible. Podemos disfrutar muchísimo de una sesión y, al día siguiente, tener pocas ganas de repetirla. La rutina permanece incluso cuando desaparece momentáneamente esa recompensa.
La clave está en dejar de pensar “hoy haré ejercicio porque me apetece” y sustituirlo por “hoy toca hacer ejercicio”. Igual que dormir, ducharse o lavarse los dientes forman parte del cuidado cotidiano, moverse debería ocupar también un espacio difícil de negociar. La motivación ayuda a empezar, pero son la costumbre y la regularidad las que permiten sostenerlo durante años. Entenderlo así transforma el ejercicio de una opción que hacemos cuando tenemos tiempo en una parte estable de nuestra vida.