Cuando una casa se calienta demasiado en verano, muchas personas culpan directamente al sol que entra por las ventanas o a la falta de aire acondicionado. Es lógico, porque son los factores más visibles. Sin embargo, los expertos en aislamiento y eficiencia energética recuerdan que hay otros motivos menos conocidos que pueden hacer que una vivienda acumule calor durante horas, incluso aunque las persianas estén bajadas y las ventanas cerradas.
Y es que una casa no se calienta solo por el aire exterior. También influyen los materiales, la orientación, el suelo, el techo, las paredes, los aparatos eléctricos y la forma de ventilar. Por eso hay viviendas que parecen un horno al final del día aunque no reciban sol directo durante muchas horas.
El calor también entra por paredes, suelo y techo
La realidad es que las ventanas son importantes, pero no siempre son el principal problema. En áticos, el techo puede acumular muchísimo calor durante el día y liberarlo poco a poco por la tarde y por la noche. En bajos o viviendas sobre garajes, el suelo también puede transmitir temperatura si no está bien aislado.
De este modo, una casa puede calentarse desde arriba, desde abajo o a través de paredes exteriores mal aisladas. Las fachadas que reciben sol directo durante horas funcionan como una especie de acumulador térmico. Aunque dentro no dé el sol, la pared se calienta y transmite esa temperatura al interior. También influye mucho el tipo de pavimento. Suelos de piedra, cerámica o materiales que retienen calor pueden mantener la vivienda más caliente si han recibido radiación o si están conectados a una estructura mal aislada.
Los hábitos dentro de casa también cuentan
Otro motivo poco tenido en cuenta son los electrodomésticos. Horno, secadora, vitrocerámica, ordenador, televisión o incluso una nevera trabajando demasiado pueden sumar calor al ambiente. En viviendas pequeñas, ese efecto se nota mucho más. La ventilación también puede jugar en contra si se hace en las horas equivocadas. Abrir ventanas a mediodía o por la tarde, cuando el aire exterior está más caliente, puede empeorar la situación. Es mejor ventilar temprano por la mañana o de noche, cuando la temperatura baja.
Además, las luces antiguas, los cargadores conectados y los aparatos en uso constante también aportan calor residual. Así pues, si una casa se calienta demasiado en verano, conviene mirar más allá de las ventanas. Techos, suelos, paredes, aparatos eléctricos y malos hábitos de ventilación pueden explicar por qué la vivienda no se refresca. A veces, el problema no es solo el calor que entra, sino el calor que la casa retiene y no consigue expulsar.
