Resultados desiguales de la universidad catalana

Que España no tenga ninguna universidad entre las 150 mejores del mundo, según el reconocido ranking Shanghái 2026 publicado este sábado, debería ocupar algo más que una nota a pie de página en nuestros medios de comunicación. Como también debería llamar la atención a algún responsable gubernamental que ocupe el lugar 23 en el mundo. Para hacernos una idea: catorce economías mundiales por PIB, 23 en el ranking Shanghái, cero universidades entre las 150 mejores y una entre las 200 primeras, la Universitat de Barcelona (UB). Países con un PIB inferior como Dinamarca, Suecia, Israel, Bélgica, Suiza, Singapur, Finlandia o Noruega están por delante.

En Catalunya, la suerte es desigual. Mientras la UB ha hecho los deberes y se mantiene en el mismo baremo del ranking del año pasado, entre las que están entre el 151 y el 200, la Universitat Autònoma de Barcelona mejora mucho y pasa de estar en la escala entre 301 y 400 a estar entre la de 201 y 300. Peor suerte la de la Pompeu Fabra, que pierde el top 400. La situación de pérdida de posiciones de la Pompeu también afecta a la Rovira y Virgili, que se queda entre las 701 y 800 mundiales, y a otras ocho universidades españolas, entre ellas las de València y Alacant. Otras ocho, directamente, desaparecen del top 1.000, entre ellas las de Lleida y las Illes Balears. 

Es evidente que Catalunya no puede conformarse con tener una única universidad entre las 200 primeras del mundo y el triste escalado que sigue a continuación hasta llegar al top 1.000

Es evidente que Catalunya no puede conformarse con tener una única universidad entre las 200 primeras del mundo y el triste escalado que sigue a continuación hasta llegar al top 1.000. El presupuesto de este año de la Generalitat refleja un aumento considerable en la Conselleria d'Universitats y se acerca a los 2.000 millones, una cifra que prácticamente ha doblado la del año 2015 y supone un incremento de 374 millones respecto a las últimas cuentas públicas aprobadas, las de 2023. El presupuesto, además, contempla explícitamente la mejora de las universidades públicas catalanas, algo que deberá ser una constante en los próximos años si queremos colocar Catalunya en la posición que le tocaría.

Si Catalunya quiere ponerse al nivel de inversión universitaria de Países Bajos, Dinamarca o Suecia en relación con su PIB, los 1.950 millones de este año deberán situarse en el año 2030 en alrededor de 3.000 millones de euros, un incremento del 54% nominal en cuatro años. Solo de esta manera podrá aspirar a competir con sistemas europeos fuertes. Luego hay otro problema, que no es el de la financiación: cómo llegan los alumnos a la universidad, cuál es su nivel académico. Ahí está el fiasco de PISA, los exámenes de las PAU con el 95% de aprobados y la selección de los alumnos, con la nota de admisión como único baremo de admisión. Pongamos más dinero, sí. Pero también mejoremos toda la cadena educativa y salgamos del bucle de que tenemos la generación mejor preparada de la historia.