Llegar tarde al trabajo de forma reiterada puede constituir, en principio, un incumplimiento laboral susceptible de sanción. Sin embargo, el análisis jurídico cambia cuando la empresa ha mantenido una actitud de tolerancia prolongada frente a esa conducta. En estos escenarios, el despido disciplinario no siempre resulta válido, incluso aunque los retrasos hayan sido constantes durante largos periodos.
El elemento clave no es únicamente el comportamiento del trabajador, sino la reacción empresarial ante dicho comportamiento. Cuando una compañía conoce y permite durante meses o incluso años determinadas prácticas sin aplicar medidas correctoras, los tribunales suelen examinar la situación bajo un principio jurídico bien consolidado.
La doctrina de los actos propios en el ámbito laboral
La jurisprudencia laboral ha desarrollado de forma reiterada la llamada doctrina de los actos propios, un criterio que impide a la empresa adoptar decisiones contradictorias con su conducta previa. Si el empleador ha tolerado sistemáticamente los retrasos sin advertencias ni sanciones, se considera que ha generado una expectativa legítima en el trabajador para que pueda mantener esa costumbre sin problema.
Este principio no elimina la facultad disciplinaria de la empresa, pero sí condiciona su ejercicio cuando decida actuar. No resulta jurídicamente consistente aceptar una conducta durante un periodo prolongado y, de forma repentina, transformarla en causa de despido sin un cambio de criterio claramente comunicado en forma de sanción o advertencia.
La necesidad de advertencia previa
Los tribunales suelen exigir un elemento esencial en estos casos como lo es la advertencia expresa. La empresa debe informar al trabajador de que la conducta previamente consentida deja de ser tolerada y que su reiteración podrá acarrear sanciones. Este aviso actúa como mecanismo de corrección y como garantía de seguridad jurídica. En caso de ausencia de dicha advertencia, el despido disciplinario presenta un alto riesgo de ser declarado improcedente. La razón es que la empresa, mediante su inacción prolongada, ha contribuido a normalizar la situación dentro de la relación laboral, por irregular que sea sobre el papel.
Desde una perspectiva jurídica, la tolerancia empresarial puede alterar la calificación de la gravedad del incumplimiento y limitar la capacidad sancionadora posterior del empleador. El derecho laboral busca evitar cambios abruptos que perjudiquen al trabajador cuando la propia empresa ha mantenido una conducta permisiva. Así pues, la gestión disciplinaria exige coherencia, progresividad y comunicación clara. Elementos que, en la práctica, resultan determinantes en la validez de cualquier despido.
