Eloi Renau cambió la ciudad por una aldea del Pirineo catalán que llevaba décadas prácticamente vacía. Artesano de la madera y apasionado de la montaña, acabó instalándose definitivamente en Àrreu, un pequeño núcleo del Pallars Sobirà que había quedado despoblado en 1981. Allí reformó una de las pocas casas que seguían en pie y construyó una forma de vida basada en la autosuficiencia.
Su relación con el lugar no empezó de un día para otro. Renau había descubierto Àrreu en los años noventa junto a un grupo de amigos aficionados a la escalada. Décadas después, durante la pandemia, vio la oportunidad de regresar y establecerse definitivamente. Fue entonces cuando empezó a rehabilitar una de las viviendas del pueblo y a organizar su día a día alrededor del entorno.
Una casa autosuficiente en mitad del Pirineo
La vivienda funciona con placas solares, baterías y un generador que utiliza especialmente durante el invierno. El agua tampoco llega a través de una red convencional, sino que procede de un manantial próximo. Renau intenta producir y gestionar por sí mismo todo aquello que puede, desde la energía hasta buena parte de los recursos que necesita para trabajar.
Su principal actividad es la madera. Eso sí, insiste en que no tala indiscriminadamente. Trabaja únicamente con árboles del entorno y utiliza sus propios caballos para transportar los troncos desde el bosque. Con ese material fabrica piezas en su taller, entre ellas cuencos y otros objetos artesanales que posteriormente vende.
“La montaña me da todo lo que necesito”
En el reportaje de El País, Renau resume su filosofía con una frase muy clara: “La montaña me da todo lo que necesito”. Explica que la madera disponible en la zona le permite abastecer tanto las necesidades de la casa como las de su taller, siempre desde una lógica de limpieza y regeneración del bosque.
Su objetivo tampoco es convertir Àrreu en un destino turístico masificado. Defiende un modelo de recuperación mucho más lento, respetuoso con el paisaje y capaz de mantener la identidad del valle. Para él, vivir allí no significa aislarse, sino recuperar una manera diferente de relacionarse con el territorio.
La historia de Eloi no es solo la de alguien que reformó una casa abandonada. Es también la de una persona que decidió reorganizar toda su vida alrededor de lo que tenía más cerca: agua, bosque, animales, energía solar y un oficio. En un pueblo que llevaba más de cuatro décadas prácticamente vacío, ha conseguido volver a convertir una casa en hogar.
