La jubilación de los jóvenes españoles puede alejarse mucho de los 65 años si sus carreras laborales continúan empezando tarde y acumulando interrupciones. Un estudio de la Fundación BBVA y el Ivie calcula que quienes lleguen a 2065 con solo 30 años cotizados podrían necesitar trabajar hasta los 71 para mantener un nivel de ingresos parecido al que tenían antes de retirarse.
Eso no significa que la ley obligue hoy a todos los jóvenes a jubilarse a esa edad. Desde 2027, la edad ordinaria será de 67 años para quienes no alcancen 38 años y seis meses cotizados, mientras que podrán retirarse a los 65 quienes superen ese periodo. Para cobrar el 100% de la base reguladora serán necesarios 37 años cotizados.
Empezar tarde reduce los años acumulados
El problema está en la incorporación cada vez más tardía al empleo. Los estudios universitarios se prolongan, la estabilidad tarda en llegar y muchos jóvenes encadenan desempleo, temporalidad o jornadas parciales. Aunque trabajen hasta los 67, una parte podría reunir únicamente unos 30 años efectivos de cotización, claramente por debajo de una carrera completa.
Con 15 años cotizados se genera derecho al 50% de la base reguladora, y el porcentaje aumenta progresivamente con los meses adicionales. Por tanto, cumplir la edad ordinaria no garantiza automáticamente el 100%. Quien llegue con lagunas importantes puede aceptar una pensión menor o retrasar voluntariamente la retirada para seguir cotizando y mejorar la prestación.
Los 71 años son una proyección, no una norma
El cálculo del Ivie señala que trabajar hasta los 71 permitiría compensar parcialmente una carrera de solo 30 años y sostener mejor el nivel de vida previo. La cifra depende de escenarios sobre empleo, salarios, reformas futuras y tasa de sustitución, por lo que no debe interpretarse como una edad legal ya aprobada ni como un destino idéntico para toda una generación.
La advertencia, sin embargo, refleja un riesgo real. Empezar a cotizar tarde y mantener trayectorias precarias dificulta alcanzar una pensión completa a los 65 o 67 años. Los jóvenes que acumulen carreras estables podrán retirarse antes y con mejores porcentajes; quienes sufran interrupciones tendrán menos margen. Por eso los economistas insisten en que el debate no debe centrarse únicamente en la edad oficial, sino también en crear empleo estable, salarios suficientes y carreras de cotización continuas desde etapas más tempranas. Sin esas condiciones, retrasar la jubilación puede convertirse en la única salida.
