El economista Óscar García anticipa un cambio profundo en el mercado inmobiliario español durante las próximas décadas. Su previsión es muy dura: “En 30 años caerá el precio de la vivienda drásticamente”. La explicación no se encuentra únicamente en los salarios, los tipos de interés o la construcción, sino en la evolución demográfica y en la gran cantidad de inmuebles que heredarán las generaciones con pocos hermanos.
Y es que García pone el foco en el momento en que desaparezca la generación del baby boom, una de las más numerosas. “Cuando la generación boomer muera, al haber pocos hijos, heredarán mucho patrimonio y nos sobrarán casas”, sostiene. Muchos herederos podrían recibir una vivienda de sus padres y otra de sus abuelos, reduciendo su necesidad de comprar y aumentando los inmuebles disponibles.
Menos hijos y muchas más viviendas heredadas
La realidad es que las generaciones actuales están teniendo menos descendientes. Mientras que antes una herencia podía repartirse entre varios hermanos, en el futuro será más frecuente que uno o dos hijos reciban todo el patrimonio familiar. Eso puede incluir la vivienda habitual, una segunda residencia, terrenos o pisos adquiridos como inversión.
Óscar García: "En 30 años caerá el precio de la vivienda drásticamente. Cuando la generación boomer muera, al haber pocos hijos, heredarán mucho patrimonio y nos sobrarán casas". pic.twitter.com/MrMPakYhc4
— Javi Cabello (@ciudadanoalt) June 9, 2026
De este modo, muchos jóvenes y adultos podrían convertirse en propietarios sin entrar en el mercado inmobiliario. Al mismo tiempo, quienes hereden más de una casa quizá decidan vender alguna porque no quieran asumir los gastos de comunidad, mantenimiento, impuestos y reformas. Si muchas propiedades salen simultáneamente al mercado y disminuye el número de compradores, la oferta podría superar ampliamente a la demanda. Esa situación presionaría los precios a la baja.
La caída no sería igual en todas las zonas
El escenario planteado por Óscar García no significa que todos los inmuebles vayan a desplomarse de la misma manera. Las grandes ciudades, las zonas turísticas y los lugares con empleo, transporte y servicios pueden seguir concentrando una demanda elevada. La inmigración también puede compensar parcialmente la pérdida de población. En cambio, las viviendas antiguas situadas en municipios pequeños o territorios que pierdan habitantes tendrían más dificultades para encontrar compradores. Muchas necesitarán reformas costosas y podrían permanecer vacías durante años.
Así pues, la tesis de García es clara: el envejecimiento de los boomers, la baja natalidad y la concentración de herencias pueden provocar que sobren casas dentro de tres décadas. No es una caída garantizada ni uniforme, pero sí un cambio demográfico capaz de transformar por completo el valor de buena parte del parque inmobiliario.
