Dormir la siesta puede ser beneficioso, especialmente después de una mañana activa o una comida copiosa. En los jubilados, además, puede ayudar a recuperar energía y compensar puntualmente una mala noche. El problema aparece cuando la siesta empieza demasiado tarde, porque entonces puede interferir con el sueño nocturno y hacer que cueste mucho más dormirse al llegar la noche.
Una referencia práctica es evitar que la siesta empiece a partir de las cuatro de la tarde. Cuanto más se acerca al final del día, más posibilidades hay de que reduzca la presión de sueño acumulada y retrase la hora de acostarse. No significa que esa hora sea idéntica para todo el mundo, pero sí que conviene dejar margen suficiente entre la siesta y el descanso nocturno.
Después de las cuatro, el sueño nocturno puede resentirse
Durante el día, el organismo va acumulando necesidad de dormir. Una siesta breve a primera hora de la tarde puede aliviar el cansancio sin alterar demasiado ese proceso. En cambio, dormir durante bastante tiempo a las cinco o seis puede hacer que por la noche el cuerpo no tenga suficiente somnolencia.
Ahí empieza un círculo frecuente de modo que la persona se acuesta más tarde, duerme peor, se despierta cansada y al día siguiente vuelve a necesitar otra siesta larga. Poco a poco, el horario de sueño puede volverse más irregular y fragmentado.
Mejor corta y después de comer que larga y al final del día
Para muchas personas, una siesta de 20 a 30 minutos después de comer es suficiente para descansar sin entrar en fases profundas del sueño. Cuando se prolonga demasiado, también puede aparecer esa sensación de despertarse desorientado o más pesado que antes.
Eso no significa que dormir más esté siempre mal. Algunas personas tienen horarios distintos o necesidades concretas, y si una siesta larga no perjudica su descanso nocturno no tiene por qué eliminarse. Lo importante es observar qué ocurre después. También conviene prestar atención si existe somnolencia excesiva todos los días, necesidad irresistible de dormir durante horas o ronquidos intensos y pausas respiratorias nocturnas. En esos casos puede ser recomendable consultarlo con un profesional sanitario.
Dormir la siesta sigue siendo una costumbre perfectamente compatible con un buen descanso. Pero si empieza demasiado tarde, puede acabar robando sueño a la noche. Para muchos jubilados, mantenerla antes de las cuatro de la tarde y relativamente corta es una forma sencilla de disfrutarla sin pagar el precio unas horas después.
