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En viviendas con pocos metros, elegir la mesa correcta puede cambiar por completo la sensación de amplitud. Los decoradores coinciden en que los modelos redondos suelen funcionar mejor que los rectangulares porque eliminan esquinas, suavizan la circulación y permiten aprovechar zonas que, de otro modo, quedarían demasiado rígidas o visualmente saturadas.

Una mesa rectangular necesita espacio libre en sus cuatro lados y marca recorridos más duros. La redonda, en cambio, facilita rodearla y reduce los golpes en pasos estrechos. También puede colocarse en una esquina abierta, junto a la cocina o entre la sala de estar y el comedor sin crear una barrera tan evidente.

Una forma sin esquinas libera mejor el paso

La principal ventaja está en la circulación. Al no tener vértices, las personas pueden moverse alrededor con mayor naturalidad y acercar las sillas cuando no se usan. Esto resulta especialmente útil en pisos donde el comedor comparte espacio con la sala de estar o donde existe poca distancia entre la mesa, la pared y otros muebles.

Mesa de centro STOCKHOLM1

Además, la forma curva ocupa menos visualmente. Aunque dos mesas tengan una superficie parecida, la redonda parece más ligera porque no dibuja líneas largas que corten la habitación. Un pie central mejora todavía más el resultado, ya que evita patas en las esquinas y permite sentar a más personas sin que nadie choque con la estructura. También favorece una distribución flexible: puede combinarse con sillas diferentes, acercarse temporalmente a una pared o desplazarse cuando se necesita abrir el espacio.

El diámetro correcto evita que el espacio se sature

No cualquier mesa redonda sirve. En casas pequeñas, el diámetro debe ajustarse al número habitual de personas, no a visitas ocasionales. Un modelo de entre 90 y 110 centímetros suele ser suficiente para cuatro comensales. Elegir uno demasiado grande anula sus ventajas y vuelve a bloquear los recorridos. En reuniones pequeñas, además, todos quedan a una distancia similar y la conversación resulta más cómoda.

La realidad es que una mesa redonda no crea metros nuevos, pero sí los organiza mejor. Reduce obstáculos, mejora la circulación y hace que el comedor parezca menos rígido. Con un pie central, sillas ligeras y el diámetro adecuado, puede convertir un rincón difícil en una zona práctica, cómoda y visualmente más amplia sin necesidad de reformar la vivienda ni renunciar a ninguna plaza útil.