Cuando un estudiante descuidaba intencionadamente sus responsabilidades —de jóvenes, lo llamábamos escaquearse—, solía emplear dos tácticas. Primero, ejercer el absentismo en clase o en los exámenes para chutar la pelota muy lejos a la espera de la convocatoria de septiembre o de la repetición de una determinada asignatura. En los casos más creativos, uno se excusaba de no entregar un trabajo debido a problemas técnicos (la virtualidad ha sepultado frases como "profe, se me ha estropeado la impresora" y etcétera). Parece que el Departament d'Educació i Formació Professional y su consellera, Esther Niubó i Cidoncha, han querido afrontar el reto del informe PISA mediante una mezcla revolucionaria e inédita de estos alehops. Como el lector ya sabrá, los catalanes no podremos conocer los resultados, pues la propia Generalitat excluyó al 23% de los alumnos que formaban parte de la muestra, mientras que la OCDE marca un máximo del 5%. A su vez, hemos conocido que, de los 591 alumnos que quedaron fuera, una mayoría de 493 estudiantes presentaba serias discapacidades cognitivas, conductuales o emocionales. En una prueba que tenía que hacerse a 2.545 alumnos, esta cifra importante indica que una gran parte de lo que los cursis llaman "el alumnado" son chavales con serios hándicaps para el aprendizaje.
Si la administración Aragonès escudó los malos resultados del informe anterior en la sobrerrepresentación de alumnos recién llegados (sin que mucha gente acusara a ERC de racista o nazi, por cierto), parece que Niubó y su equipo han pensado que la mejor manera de ahorrarse una mala noticia es… ¡hacer lo posible para anular los resultados de las pruebas! Como decía al inicio, el "Govern de tothom" ha decidido tratar a este "tothom" como si fuera idiota, escudándose en unos problemas técnicos que suenan a excusa, empezando por el hecho de que la misma consellera conoció los datos en el mes de marzo (ahora que el president Illa vuelve a hacer diplomacia por el mundo, podríamos pedir ayuda técnica a la NASA, que de catástrofes también saben un montón). En resumidas cuentas, y a base de comunicar la noticia en días de canícula, la administración habrá pensado que las vacaciones (con las consecuentes y espantosas fotografías de Instagram de los conciudadanos que tienen la manía de enseñarnos los pies con el mar de fondo) harán olvidar que los alumnos catalanes merecedores de excelencia académica son solo el 4,9%, mientras que un 29% de los estudiantes no llega a las competencias básicas. Este escaso nivel de explicaciones, sumado al desbarajuste de las huelgas de maestros, no debería haber llevado a la dimisión de Niubó, sino a un cese exprés.
El "Govern de tothom" ha decidido tratar a este "tothom" como si fuera idiota, escudándose en unos problemas técnicos que suenan a excusa
Manteniéndola en el cargo, el president Illa no solo está apoyando un ejemplo de incompetencia supina (si se subsanan los errores, volveremos a tener resultados fiables de PISA en el año 2029), sino un desbarajuste en la transparencia de dimensiones oceánicas. El Molt Honorable, con su estoicismo habitual, dice que ahora toca resolver los problemas y no ir "colgando sanbenitos" a los culpables; olvida, si me permite la osadía, que su consellera no solo es la última responsable política en cuanto a la aplicación de unos protocolos, los de PISA, que son meridianos como el agua bendita, sino también que Niubó, oso insistir, ha ocultado esta debacle desde la pasada primavera. ¿El president mantendría a una consellera de Salut que no pudiera recolectar como Dios manda los datos médicos de los catalanes? ¿Apoyaría a una máxima responsable del ámbito cultural que no fuera capaz de adjudicar subvenciones a entidades o particulares, escudándose en problemas informáticos? Preguntémoslo de otro modo: ¿qué tendrá que pasar para que la consellera Niubó pierda la confianza del president? Venimos del intento de menospreciar el clamor más que razonable de los maestros a través de un acuerdo-trampa con un sindicato minoritario y también de abortar ideas gloriosas como la de incrustar a los maderos en las aulas. ¿De verdad hacen falta más motivos, president?
Del mismo modo que saltarse las pruebas no acostumbra a comportar mejores resultados en el futuro y, paralelamente, sabiendo que los buenos maestros respondían a nuestras excusas "técnicas" regalándonos un merecidísimo cate (dispensen nuevamente el lenguaje Xer), diría que Salvador Illa haría un buen favor al país reconociendo que la consellera Niubó, a estas alturas, está suspendida. Por otro lado, espero que los votantes del tripartito progresista que sustenta el Govern tomen nota de que republicanos y comuns han evitado que el Molt Honorable nos regale ningún tipo de explicación durante su próxima comparecencia en el Parlament de este viernes. A toda esta peña no la podemos enviar "a septiembre", pero espero que nadie se sorprenda cuando —en comicios futuros— quizás los acaben expulsando del cole… y todo por no haber hecho lo que tocaba cuando tocaba. Consellera, podrá mantener el cargo, pero está suspendida y, como diríamos en mi tiempo (que es el suyo), con un Muy Deficiente.