Los jubilados que estén pensando en cambiar el aire acondicionado pueden encontrar una oportunidad importante en la declaración de la Renta, pero conviene entender bien la letra pequeña. La deducción no se concede simplemente por comprar un aparato nuevo, sino por realizar una mejora de eficiencia energética en la vivienda. Es decir, Hacienda exige que la obra o instalación permita reducir la demanda de calefacción y refrigeración, o el consumo de energía primaria no renovable.
La diferencia es clave. Un aire acondicionado antiguo puede gastar mucho más que un equipo moderno, especialmente si se sustituye por un sistema eficiente, bien dimensionado y correctamente instalado. Pero para aplicar la deducción no basta con guardar la factura. Hace falta demostrar la mejora mediante certificados de eficiencia energética antes y después de la actuación.
No vale cualquier tipo de cambio
La deducción del 20% puede aplicarse cuando las obras reducen al menos un 7% la demanda de calefacción y refrigeración de la vivienda habitual o alquilada. La base máxima anual es de 5.000 euros, lo que permite recuperar hasta 1.000 euros en el IRPF si se cumplen los requisitos.
También existe una deducción del 40% cuando se reduce al menos un 30% el consumo de energía primaria no renovable o cuando la vivienda alcanza una calificación energética A o B. En este caso, la base máxima es de 7.500 euros, por lo que el ahorro fiscal puede llegar hasta 3.000 euros. Para comunidades de propietarios o rehabilitaciones energéticas más amplias, la deducción puede ser todavía mayor. En esos casos puede alcanzar el 60%, aunque normalmente exige obras de más alcance que un simple cambio individual de aire acondicionado.
Certificados y pagos bancarios
El punto que muchos jubilados pasan por alto es el certificado energético. Debe existir uno anterior a la obra y otro posterior que acredite la mejora. Sin ese documento, la deducción puede perderse aunque el aparato nuevo sea mucho más eficiente. También es importante pagar por medios bancarios. Hacienda no admite pagos en efectivo para este tipo de deducciones. Factura, justificante de pago y certificados deben conservarse por si la Agencia Tributaria los solicita.
Por eso el consejo es claro: antes de cambiar el aire acondicionado, conviene hablar con un técnico o instalador que conozca estas ayudas. Un equipo eficiente puede bajar la factura eléctrica, mejorar el confort en verano y, además, permitir un ahorro fiscal de miles de euros. Pero solo si la mejora queda bien documentada desde el principio.
