Los recuerdos de infancia de Carme Ruscalleda están ligados al trabajo familiar, a los recursos limitados y a una manera exigente de afrontar las tareas cotidianas. Cuando habla de sus padres, la cocinera destaca una enseñanza que la acompañó después en su profesión como hacer las cosas lo mejor posible con lo que se tiene. Una actitud que reconoce en decisiones pequeñas y que sigue formando parte de su manera de trabajar.
Lo explicó en La Vanguardia. Y es que, al recordar a sus padres, subrayó que tenían pocos medios, “pero con objetivos de hacer las cosas bien”. Ruscalleda vinculó esa educación a la resistencia necesaria para seguir adelante, aunque también reconoció la dureza de aquel aprendizaje y las responsabilidades que asumió desde pequeña.
La enseñanza de su padre al cambiar una herramienta
Uno de los ejemplos que utilizó fue la forma en que su padre escogía las herramientas. Cuando tocaba sustituir alguna, buscaba la mejor que pudiera ayudarles a trabajar con más eficacia. La cocinera conserva ese criterio: invertir en aquello que permite hacer mejor una tarea. En su recuerdo, esa decisión práctica resume una forma de entender el esfuerzo, con atención a los medios y voluntad de mejorar el resultado.
Su infancia también tuvo espacio para el juego, aunque no abundaran los juguetes. Contó que los inventaba y que se disfrazaba con su hermano utilizando prendas antiguas que guardaban en un baúl. Aquella necesidad de imaginar a partir de lo disponible la relaciona con el ingenio y la capacidad de encontrar recursos. La diversión surgía de transformar objetos sencillos en algo distinto, sin necesitar grandes compras.
Una casa que conserva la memoria familiar
El vínculo con aquellos años tiene además un lugar concreto. Ruscalleda explicó que continúa viviendo en la casa donde nació, aunque el inmueble se haya transformado. Con el tiempo, ha aprendido a detenerse y observar ese entorno, disfrutando de momentos como tomar un té por la tarde. La vivienda reúne así su vida presente y la memoria de la familia, dentro de un espacio que ha cambiado con ella.
En esa misma conversación abordó la ausencia de sus padres y cómo mantiene su recuerdo. Ambos llegaron a los noventa años y, según explicó, su padre siguió aconsejando a la familia hasta el final. Al evocarlos, recupera sobre todo su manera de actuar ante las dificultades. Ese legado cotidiano continúa acompañándola: la constancia, el cuidado al hacer las cosas y la confianza en que siempre existe margen para mejorar.
