La abogacía suele proyectarse como una de las salidas más exigentes pero también más atractivas dentro del ámbito jurídico. Jornadas largas, alta presión y un entorno extremadamente competitivo forman parte de la ecuación habitual de las personas que se dedican a esto. Sin embargo, pese a la dureza del camino, el atractivo económico continúa siendo uno de los grandes factores que empujan a muchos jóvenes juristas hacia los grandes despachos.

En este contexto, el abogado Andrés Millán resume con claridad una de las realidades más comentadas dentro del sector como lo son los sueldos. Y es que, más allá de la vocación o la especialización técnica, la progresión salarial se convierte en un elemento decisivo a la hora de entender la dinámica interna de estas firmas. La carrera dentro de un despacho no es lineal ni previsible del todo, sino una combinación de rendimiento, especialización y resistencia.

Una progresión que marca el atractivo del sector

Millán lo expresa de forma directa: “Comienzas ganado 30.000 euros al año y puedes acabar como socio con más de 200.000”. La frase encapsula una de las motivaciones más potentes del modelo de grandes firmas jurídicas. Los primeros años suelen caracterizarse por salarios más contenidos en comparación con la alta carga de trabajo, pero también por una curva de aprendizaje intensa y que marca lo que puedes acabar ganando.

El salto económico no llega de inmediato. La estructura piramidal de los despachos implica que solo una parte de los abogados alcanza posiciones de máxima retribución. La transición desde asociado junior hasta socio exige años de desempeño sostenido, captación de clientes y consolidación de prestigio interno.

Alta exigencia, alta recompensa potencial

El atractivo financiero no se entiende sin tener en cuenta lo elevado de la exigencia. La abogacía de élite opera bajo parámetros de disponibilidad casi total, presión constante y evaluación continua del rendimiento. No se trata únicamente de conocimiento jurídico, sino de capacidad de gestión, negociación y adaptación a entornos empresariales complejos. Este modelo explica tanto la atracción como la rotación dentro del sector. Muchos profesionales optan por abandonar antes de alcanzar los niveles superiores, mientras que otros asumen la intensidad como parte del recorrido hacia posiciones de mayor estabilidad económica.

La reflexión de Andrés Millán conecta así con una realidad estructural del mercado legal. La abogacía corporativa no garantiza trayectorias millonarias, pero sí ofrece uno de los potenciales de crecimiento salarial más elevados dentro del ámbito jurídico. Así pues, todo depende, en última instancia, de la capacidad de cada profesional para sostener el ritmo y superar las distintas fases de una carrera especialmente competitiva.