La aparición de los cigarrillos electrónicos o “vapes” en la vida de muchos adolescentes ha generado preocupación entre padres y educadores. En España, el uso de estos dispositivos se ha multiplicado entre los jóvenes: alrededor de un 11 % de los adolescentes de entre 14 y 18 años afirma que vapea, cifra que prácticamente se ha duplicado en solo un año según datos recientes.
Ante esta situación, el psicólogo Alfonso Navarro lanza un mensaje claro: “Si tu hijo fuma vape, la solución nunca es quitárselo”. Aunque puede sonar controvertido, lo que intenta explicar es que el simple acto de confiscar el dispositivo no aborda las causas emocionales, sociales y psicológicas que llevan a un joven a vapear y, por ello, no suele ser eficaz a largo plazo.
Vapear entre jóvenes: tendencias y riesgos
Los cigarrillos electrónicos aparecieron hace años con la promesa de ser una alternativa menos nociva para adultos que intentan dejar de fumar. Sin embargo, entre adolescentes se han convertido en una puerta de entrada a la nicotina y a conductas similares al tabaquismo, incluso cuando no han consumido tabaco tradicional.
Además de su diseño atractivo (sabores frutales o dulces y apariencia discreta), estos dispositivos liberan nicotina, una sustancia altamente adictiva, que puede afectar el cerebro en desarrollo de los jóvenes y potenciar la dependencia. Estudios también han encontrado asociaciones entre el vapeo en adolescentes y un riesgo más alto de iniciar consumo de tabaco convencional, así como impactos negativos en la salud respiratoria y cardiovascular.
Por otro lado, la reducción del tabaquismo tradicional en jóvenes ha sido una buena noticia general: aunque aún hay adolescentes que fuman cigarrillos convencionales, las cifras han bajado con el paso del tiempo. No obstante, esta aparente mejora se ve compensada por el auge del vapeo como alternativa de consumo de nicotina.
Por qué no basta con quitarle el vapeo
Navarro sostiene que simplemente retirar el dispositivo no cambia la motivación, los factores de presión social ni el manejo emocional del adolescente. Para muchos jóvenes, vapear no es solo un acto físico, sino también un comportamiento social (muchas veces influenciado por amistades o redes sociales), una forma de aliviar ansiedad o una manera de sentirse integrados en un grupo.
Quitarle el vapeo podría generar resistencia, ocultación o mayor rebeldía, ya que el joven no ha tenido la oportunidad de entender por qué lo hace y qué puede implicar. En lugar de eso, los profesionales recomiendan:
Dialogar sin confrontación ni humillación, explorando juntos las razones por las que vapea.
Informar sobre los efectos reales y riesgos, no solo prohibir.
Fomentar habilidades para manejar emociones y presiones sociales, con apoyo psicológico si es necesario.
Ofrecer alternativas saludables para el estrés o la necesidad de pertenecer a un grupo.
Estas estrategias ayudan al adolescente a comprender y tomar decisiones informadas, en lugar de simplemente obedecer una orden paterna sin reflexión.
Acompañar para prevenir
El enfoque de Alfonso Navarro no minimiza los riesgos del vapeo, ni la importancia de la prevención, sino que propone acompañar al joven de manera respetuosa y educativa. En muchos casos, el vapeo es síntoma de otros desafíos emocionales o sociales que, si no se abordan, pueden persistir e incluso agravarse con prohibiciones simples.
En definitiva, hablar, escuchar y educar sobre causas y consecuencias es más eficaz que una medida reactiva como quitar el vapeador. Ese diálogo puede ser el primer paso para que tu hijo entienda mejor su comportamiento y, si decide dejar el vapeo, lo haga desde la conciencia y no desde la imposición.
