Alex es repartidor de Glovo y ha vivido en primera persona el impacto del cambio legal que obligó a las plataformas de reparto a dejar atrás el modelo de falsos autónomos. Lo que debía suponer una mejora en derechos laborales, para él se ha traducido en una pérdida clara de ingresos y de libertad. “Cuando era autónomo ganaba más de 2.000 euros, ahora no paso de los 1.300”, explica, señalando que el nuevo marco laboral no le ha salido a cuenta.
Antes de la regularización, Alex podía decidir cuándo trabajar y cuánto hacerlo. Elegía los tramos horarios con más demanda, priorizaba los días de lluvia en los que los pedidos se disparaban y se cobraba más y organizaba su semana según sus necesidades personales. Esa flexibilidad era clave para maximizar ingresos. Ahora, como asalariado, esa capacidad de decisión ha desaparecido casi por completo.
Menos libertad y horarios impuestos
Con el nuevo modelo, Alex ya no elige sus horarios. Trabaja fines de semana en horario partido, con franjas marcadas por la empresa y sin margen real de negociación. Antes, si quería apretar un día concreto y descansar otro, podía hacerlo. Ahora no. La rigidez del sistema ha convertido su jornada en algo imprevisible y difícil de conciliar, especialmente cuando los turnos se fragmentan y obligan a pasar muchas horas disponibles para un salario que no compensa.
@alexboken_ Mi opinión sobre lo de que Uber ahora ya no tenga a autónomos. Gracias Yolanda #uber #leyrider #gobierno #glovo #injusticia
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Otro de los cambios que más lamenta es la imposibilidad de aprovechar los picos de demanda. Las jornadas de lluvia o de alta actividad, que antes eran una oportunidad para incrementar ingresos, ahora no suponen ninguna diferencia salarial. El esfuerzo adicional no se traduce en una mejora económica, lo que, según Alex, desincentiva el compromiso y la motivación de muchos repartidores.
Del ingreso variable al tope del convenio
El salario actual de Alex está limitado por el convenio colectivo, con un techo que ronda los 1.300 euros mensuales. Una cifra que, aunque estable, queda muy lejos de lo que percibía como autónomo. A eso se suma la sensación de haber cambiado ingresos altos y flexibilidad por un sueldo ajustado y una organización del trabajo mucho más rígida.
Alex tiene más protección laboral sobre el papel, pero cuestiona que el modelo funcione igual para todos. Y es que muchos repartidores valoraban más la autonomía que la estabilidad salarial. Así pues, el caso de Alex refleja una realidad incómoda del nuevo modelo de reparto: más derechos formales, pero menos ingresos y menos control sobre el propio tiempo. Una transición que, para muchos riders, ha supuesto un claro paso atrás en su economía diaria.