El presidente del Gobierno tiene potestad para escoger en qué fecha se celebrarán las elecciones generales que él mismo convoca. Es por eso que cuando un jefe del ejecutivo envía a sus ciudadanos a las urnas lo hace pensando en qué fecha puede beneficiarle, teniendo muchos datos sobre la mesa. Pedro Sánchez, al día siguiente de la derrota del 28-M, escogió el 23 de julio. ¿Por qué? Quedó claro que el socialista quiso celebrar unos comicios anticipados cuanto antes mejor, pero desde la derecha hay una idea que los remueve: buena parte de su electorado estará de vacaciones.
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¿Eso es así? ¿PP y Vox, siendo partidos de derecha y de extrema derecha, son votados por la ciudadanía más adinerada? ¿Y esta ciudadanía con un nivel socioeconómico más alto será la que el 23-J estará de vacaciones? Haciendo un repaso a los datos del Ministerio del Interior, del Centro de Investigaciones Sociológicas y hablando con expertos, podemos concluir que eso no tiene por qué ser así. Sí que hay un razonamiento lógico y que es correcto. Y es que las personas con un nivel adquisitivo más alto se pueden permitir marcharse de vacaciones y, por lo tanto, hay más posibilidades que este colectivo sea más abstencionista el 23 de julio por el hecho de que se encuentra fuera de casa y se ha despistado a la hora de pedir el voto por correo.
Ahora bien, el votante del PP y de Vox no es necesariamente de clase acomodada. "Si en al PP solo lo votaran los ricos, no habría ganado nunca unas elecciones", señala a ElNacional.cat Ignacio Varela, politólogo que en los años 80 y 90 fue subdirector del gabinete de la presidencia española de Felipe González y que durante 35 años participó en el diseño de las campañas electorales del PSOE. Explica en declaraciones a este periódico que, sociológica y demográficamente, el votante popular y socialista "son hermanos gemelos", por eso de vez en cuando se produce un trasvase de votos y la Moncloa pasa a estar ocupada por el PP o por el PSOE.
Varela calcula, pues, que unas elecciones situadas en las postrimerías del mes de julio se tienen que traducir en una participación baja, pero considera que es un error anticipar si la fecha beneficiará a las izquierdas o a las derechas. Además, indica que tanto las encuestas como los resultados del 28-M apuntan que serán unas "elecciones de cambio", cosa que movilizará especialmente al electorado de Alberto Núñez-Feijóo y de Santiago Abascal. "No es un cliché pensar que los votantes de rentas más altas estarán de vacaciones, pero sí que lo es pensar que los partidos de derechas son votados por estas personas" añade.
Paralelamente, Ricard Santomà, que es vicedecano del grado de Turismo en el IQS, apunta que en aquellas fechas no todo el mundo estará de vacaciones, pero sí que habrá gente que se habrá marchado de excursión o "de fin de semana improvisado". "La improvisación puede provocar que a la gente le acabe dando pereza o llegue demasiado tarde al colegio electoral, mientras que la gente que tiene unas vacaciones planificadas, también ha tenido tiempo de planificar el voto por correo", señala.
El experto en turismo indica, también, que una escapada de fin de semana —que puede implicar una salida a la montaña— es habitual en cualquier clase social, y que no requiere de un bienestar económico o de un cojín como sí que pasa en unas vacaciones. A pesar de indicar que buena parte de la sociedad hará vacaciones las tres primeras semanas de agosto, Santomà explica que, poco a poco, la ciudadanía española opta por hacer vacaciones también en julio, "especialmente la gente joven".
Aunque en Génova también tienen un laboratorio electoral, el portavoz de campaña del PP, Borja Sémper, ya salió este jueves a animar a todo su electorado a convertir el 23-J en un "verano azul", en referencia al color del partido y el nombre de la mítica serie de televisión. Aseguró que "la mitad de los españoles" estarán de vacaciones, pero animó a los votantes conservadores a hacer lo imposible para ir a llenar las urnas aquel mes de julio.
Aunque no se han celebrado todavía elecciones generales en los meses de julio y agosto, hay que señalar que la participación en 40 años de democracia no ha tenido nunca mucho que ver con el mes en que se han celebrado. Hasta cuatro elecciones se han celebrado en junio, que es un mes caluroso, pero en el que la gente todavía no acostumbra a hacer vacaciones. Si se observan los datos que tiene el Ministerio del Interior sobre todas las elecciones generales, la participación ha ido fluctuando independientemente del mes en que se han celebrado, tanto si son épocas de frío, de calor o en el que la gente se marcha de fin de semana.
Podemos y Vox rompen con los estereotipos
Otro elemento a tener en cuenta es el perfil de los votantes, que a veces varía del imaginario mayoritario. Por ejemplo, a pesar de tratarse de una formación de extrema derecha y, por lo tanto, ultraconservadora, el Centro de Investigaciones Sociológicas define al votante de Vox como un chico joven de ámbito urbano. Sí que es cierto, sin embargo, que el CIS pone en evidencia que el votante de la formación de Abascal no tiene muchos estudios.
Pero sorprende que el CIS concluya que el 12,5% del electorado español de entre 18 y 24 años vote a Vox. A medida que la gente va envejeciendo, cada vez se vota menos a la extrema derecha. Solo el 3,8% de los mayores de 75 años en el estado español optan por depositar papeletas de Vox; siempre según el estudio del CIS publicado el pasado mes de mayo. La lógica hace pensar, además, que los ciudadanos tan jóvenes se encuentran en periodo de finalización del curso académico y no tienen todavía bastante independencia económica para viajar de vacaciones.
Además, la franja de edad que va de los 18 a los 24 años no es, ni mucho menos, el grupo de ciudadanos más abstencionista. Y, por otra parte, el politólogo Ignacio Varela destaca que Vox ha conseguido penetrar en las clases obreras "de toda la vida", que acostumbra a vivir en barrios donde, precisamente, hay mucha inmigración y existe fricción entre autóctonos y migrantes.
Podemos también rompe con los estereotipos. Porque Varela asegura que, aunque sí que cumpla el previsible dato de que su gran franja de votantes se encuentra entre los 18 y los 24 años, es un votante de rentas altas. El CIS, además, concluye que el voto a este espacio político (que el 23-J seguramente irá a parar a Sumar) está repartido por todo el Estado: las papeletas de color morado se depositan tanto en las zonas rurales como en las grandes ciudades, donde hay más de un millón de habitantes. Con respecto al nivel de estudios, son electores que tienen Formación Profesional o han cursado la segunda etapa de la Secundaria.
Un precedente atípico: elecciones pandémicas en julio de 2020 en el País Vasco y Galicia
No es la primera vez que en el estado español, al menos en tiempos recientes, se celebran unas elecciones en periodo de vacaciones. Ya pasó hace tres años en el País Vasco y en Galicia, y la fecha concreta fue el 12 de julio. Los comicios se tenían que celebrar originalmente el 5 de abril de 2020, pero se aplazaron con motivo de la pandemia del coronavirus. Por este preciso motivo es complicado utilizar aquella convocatoria electoral como un precedente que sirva como campo de pruebas. Ya que resulta evidente que la participación estuvo influenciada por la covid y por el miedo de algunos votantes a contagiarse en un colegio electoral.
En el País Vasco, solo participó el 50,78% del electorado, con una victoria del PNV, Bildu en segunda posición y el PSOE en tercera. En aquellas elecciones, PP y Ciudadanos se presentaron en coalición, pero quedaron en penúltima posición, solo por delante de Vox. En Galicia, la participación fue todavía más baja y se situó en el 48,97%. El PP gallego, que todavía estaba capitaneado por Alberto Núñez-Feijóo, ganó por mayoría absoluta; y el BNG incluso quedó por delante del PSOE.
Hablan los datos: 40 años de alta participación favoreciendo al PSOE
No se puede afirmar, en ningún caso, que haya una correlación directa entre el porcentaje de participación en unas elecciones generales y el ganador de aquellos comicios. Porque, al fin y al cabo, son incontables los elementos que entran en juego a la hora de ir a votar. Sin embargo, repasando los datos, queda demostrado que, históricamente, el PSOE ha acostumbrado a salir victorioso de una alta participación.
De las ocho elecciones generales que han ganado los socialistas en los últimos 40 años (1982, 1986, 1989, 1993, 2004, 2008, y las dos de 2019), solo dos han tenido una participación inferior al 70% (1989 y 2019). El PP, en cambio, de las cinco elecciones generales que ha ganado en las últimas cuatro décadas (1996, 2000, 2011, 2012 y 2015), solo en unas la participación fue superior al 70%. Concretamente, las de 1996.
