Roderic de Borja es elegido pontífice y se convierte en el segundo papa catalanohablante de la historia

Tal día como hoy del año 1492, hace 534 años, en Roma, el cónclave cardenalicio reunido en la Capilla Sixtina desde la muerte del pontífice Inocencio VIII (25 de julio de 1492) elegía al cardenal valenciano Roderic de Borja para sentarse en el sitial de santo padre. Con la elección de Borja, se confirmaba la alianza entre la Iglesia católica y la monarquía hispánica, creada después de la entronización de los reyes Isabel —en la Corona castellano-leonesa (1484)— y Fernando —en la Corona catalano-aragonesa (1489)—, que, durante el pontificado del predecesor de Borja, se había puesto de relieve con la creación de la Inquisición hispánica y el impulso de los juicios contra la brujería.

El antecesor de Borja, el genovés Cybo, había sido un gran aliado de los partidarios de la unión dinástica hispánica con el objetivo de crear un gigante político y militar en el cuadrante suroccidental europeo que debía contrapesar la tradicional —y, a veces, asfixiante— tutela francesa sobre el pontificado. En la elección de Borja, amigo personal del rey Fernando el Católico, pesó mucho la presión que la cancillería hispánica proyectó sobre el cónclave cardenalicio. Con el resultado de aquel cónclave, Borja, que reinaría como Alejandro VI pero que sería más conocido como el papa Borja, se convertía en el 214.º vicario de Cristo en la tierra y en el segundo pontífice catalanohablante de la historia.

En el momento de la elección pontifical, Borja era vicecanciller de la Iglesia católica, pero, desde la distancia de Roma, había tenido un destacado papel en la fabricación del proyecto colombino (València capital, 1486-1492). Tanto es así que las naves del primer viaje colombino no zarparon de la escala que habían hecho en Canarias hasta que tuvieron conocimiento de que Roderic de Borja (Xàtiva, 1431) había sido elegido papa de Roma. Este hecho explicaría por qué la expedición colombina estuvo parada cuatro semanas en Canarias con el pretexto de reparar algunos aparatos de las naves y aprovisionar a la tripulación (de alimentos y de agua) para el viaje.