Tal día como hoy, hace 12 años, se firmó en Barcelona, el acta fundacional de la Eurorregión Pirineos-Mediterráneo. La Eurorregión reunía nuevamente a los territorios que en la Edad Media habían formado una realidad política y cultural: Catalunya, Aragón y las Illes Balears (dentro del actual Estado español) y Mediodía-Pirineos y Languedoc-Rosselló (dentro del actual Estado francés). 14 millones de habitantes y la extensión equivalente a 1/3 de la península Ibérica. La Eurorregión era el primer intento serio de recuperación del vínculo político perdido ocho siglos antes. También de colaboración institucional, cultural y económica, sobre un conjunto territorial que nunca había perdido la idea de comunidad histórica.
Este proyecto era un viejo sueño del presidente Maragall. Que hizo posible cuando los territorios fundacionales estaban gobernados (excepto las Illes) por partidos socialistas. Un detalle que explicaría la ausencia -voluntaria- del gobierno del País Valencià. Y el abandono posterior de Aragón, con el cambio de color político de su gobierno. El objetivo de la Eurorregión era la creación de un espacio económico potente capaz de aprovechar los recursos del conjunto y las sinergias de los diversos polos. Una Eurorregión puntera situada en el Mediterráneo que -junto con el norte de Italia- fuera capaz de contrapesar -y reequilibrar- el exceso de protagonismo de las regiones industriales del centro y del norte del continente.
Pero detrás del proyecto económico había una clara vocación de recuperación de los vínculos históricos y culturales. La Eurorregión se construía sobre el territorio que en la antigüedad habían ocupado los íberos del norte -la base histórica de la población actual. Y que los romanos habían reconocido creando -sobre los límites culturales ibéricos del norte- las provincias Tarraconense y Narbonense (del delta del Ródano a la Albufera valenciana). El solar donde siglos más tarde se constituyeron los condados medievales catalanes, aragoneses, de Tolosa y del Languedoc. La comunidad rota, repentinamente, con la derrota catalano-aragonesa de Muret (1213) enfrente de la corona francesa que ambicionaba la anexión del Midi.