Tal día como hoy del año 1972, hace 54 años, en Madrid, la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (institución creada en 1966 y que agrupaba a todos los obispos y arzobispos del Estado español) se reunía en su sede de la calle Añastro para nombrar al sucesor de su segundo presidente, Casimiro Morcillo González, arzobispo de Madrid-Alcalá y fallecido, súbitamente, el 30 de mayo del año anterior. Desde la muerte del arzobispo Morcillo, ejercía el cargo —de forma provisional— el arzobispo Vicent Enrique y Tarancón, que había sido su relevo en la archidiócesis de Madrid-Alcalá (30 de mayo de 1971).
En aquella reunión, se confirmó al arzobispo Enrique y Tarancón como presidente hasta el final del trienio del fallecido Morcillo (mayo, 1972) y se le eligió para el trienio siguiente (1972-1975). Pero su elección era más a consecuencia de las dinámicas internas de la Iglesia española del momento, que por su condición de arzobispo de la capital del Estado. Desde el Concilio Vaticano II (1962), la Iglesia española se debatía entre el tradicional conservadurismo y las corrientes aperturistas. Y la elección de los presidentes de la Conferencia Episcopal dibujaba perfectamente un movimiento pendular que ponía de relieve este debate interno.
El primer presidente (1966-1969) había sido Fernando Quiroga Palacios, arzobispo de Santiago, defensor de la lengua y cultura gallegas (sería el primer obispo que oficiaría en gallego después de la Guerra Civil) y una persona muy comprometida con las cuestiones sociales. En cambio, el segundo presidente, Casimiro Morcillo, era una persona muy cercana a las tesis ideológicas del régimen franquista. Finalmente, con la elección del valenciano Vicent Enrique y Tarancón, defensor de la lengua y cultura catalanas (y de la unidad de la lengua catalana), muy comprometido con las cuestiones sociales y partidario de una apertura política, se retornaba a los posicionamientos del primer presidente.
Vicent Enrique y Tarancón había nacido en 1907 en Borriana. Había estudiado en el Seminario de Tortosa (1921-1929); había sido arcipreste de Vinaròs(1939-1943) y de Vila-real (1943-1945), y con 38 años había sido nombrado obispo de la diócesis de Solsona. Lo sería durante casi veinte años (1945-1964). Después ejercería como obispo de Oviedo (1964-1969) y posteriormente como arzobispo de Toledo (1969-1971). En 1969 fue nombrado cardenal. Sus posicionamientos, claramente progresistas y catalanistas, provocarían el odio hacia su persona de los sectores más reaccionarios de la sociedad española, que lo expresarían con la cita: “Tarancón, al paredón”.
Entre 1985 (posteriormente a su jubilación) y 1994 (año de su muerte), fue miembro del Consell Valencià de Cultura, institución consultiva y asesora de la Generalitat Valenciana en materias relativas a la cultura valenciana y con la misión de velar por la defensa de los valores lingüísticos y culturales propios del País Valencià.
