Tal día como hoy del año 1912, hace 114 años, en la costa suroriental de Terranova (Canadá), naufragaba el transatlántico RMS Titanic —propiedad de la naviera británica White Star Line—, que en el momento del hundimiento era el barco de pasajeros más grande y más lujoso de la historia de la navegación. El naufragio se inició a las 23.40 horas del día anterior, tras la colisión de la nave contra un iceberg, que provocaría la apertura de vías en el casco y la inundación de las cubiertas de fondo. Aun así, la nave no se hundió del todo hasta las 2.20 horas del día 15. Aquel naufragio se saldaría con la muerte de 1.513 personas, siete de las cuales eran pasajeros y tripulantes catalanes.
A bordo del RMS Titanic había cinco catalanes y dos descendientes de catalanes: Emili Pallàs y Castelló, de 29 años, natural de Basturs (Pallars Jussà) y vecino de Barcelona; Julià Padró y Manent, de 27 años, natural de Lliçà d’Amunt (Vallès Oriental) y vecino de Barcelona; las hermanas Florentina y Assumpció Duran y Moré, de 30 y 28 años, respectivamente, hijas de Sant Adrià de Tendrui (Pallars Jussà) y vecinas de Barcelona; Joan Monrós, de 20 años, natural y vecino de Barcelona, y los primos segundos Francesc Carrau Rovira y Josep Pere Carrau Esteve, de 28 y 18 años, respectivamente, naturales y vecinos de Montevideo e hijos de los primos hermanos Carrau de Vilassar de Mar (Maresme), establecidos en Uruguay.
Se salvaron 711 personas, que fueron evacuadas en veinte botes salvavidas. Entre los catalanes, sobrevivieron Emili Pallàs, que viajaba en segunda clase y se embarcó en el bote número 9; Julià Padró, amigo de Emili, y que siguió el mismo recorrido, y las hermanas Duran y Moré, que también viajaban en segunda clase y se embarcaron en el bote número 12. En cambio, los primos Carrau, que habían embarcado en primera clase y que iban de viaje de negocios (eran directivos de la empresa familiar Carrau & Cia, de Montevideo, dedicada a la producción alimentaria) y Joan Monrós, que se había enrolado como camarero del restaurante del barco, nunca llegaron a los botes salvavidas y acabarían engrosando la lista de víctimas de aquel catastrófico naufragio.