Tal día como hoy del año 1751, hace 275 años, en Nápoles (entonces capital del Reino borbónico de las Dos Sicilias), nacía Fernando de Borbón y Sajonia, noveno hijo (tercer varón) de los reyes Carlos IV de las Dos Sicilias –primer Borbón en el trono napolitano– y María Amalia de Sajonia. Cuando tenía ocho años (1759), murió sin descendencia el rey Fernando VI de España; y el padre de Fernando, Carlos IV de las Dos Sicilias, hermanastro pequeño del difunto (era hijo de Felipe V y de su segunda esposa Isabel de Farnesio) se ofreció para ser coronado en Madrid.
No obstante, las potencias europeas –que no deseaban una concentración de poder que rompiera el equilibrio continental– le exigieron que, antes de aceptar el trono español, cediera la corona napolitana a uno de sus hijos. El padre de Fernando, para ser coronado Carlos III de España, se llevó a Madrid a su segundo hijo varón – también Carlos (futuro Carlos IV de España)– y dejó en Nápoles, como rey, a su tercer hijo varón, Fernando. El primogénito, Felipe, había sido apartado de la línea sucesoria por sus problemas mentales.
Al mismo tiempo, Carlos dejó al regente Tanucci hasta la mayoría de edad de Fernando (prevista para 1767). Durante aquellos años de preparación (1759-1767) Fernando disfrutaría de una vida ociosa, vagando por la ciudad. A menudo se lo veía sentado en una taberna bebiendo vino con los capodifamiglia de la mafia. Tanucci, que había promovido esta relación, vería cómo, paradójicamente, le acabaría costando el cargo. Mientras tanto, en 1767 Fernando era nombrado mayor de edad y asumía plenamente el trono; y en 1768 era casado con María Carolina de Austria, hija de la emperatriz María Teresa de Austria.
Las maniobras de Tanucci para alargar la regencia chocaron con la joven pero enérgica María Carolina. La joven reina, con el apoyo de su madre, María Teresa de Austria, provocó la caída del regente y de todos los miembros del gobierno que le apoyaban (las oligarquías aristocráticas napolitanas). Aprovechando aquella situación, Fernando convenció a María Carolina para nombrar un nuevo gobierno y sentó en la mesa del consejo de ministros a sus viejos “amigos”: los capodifamiglia de la Mafia. Nunca, hasta entonces, esta organización había estado tan cerca del poder.