Tal día como hoy del año 1641, hace 385 años, en Barcelona, moría Pau Claris i Casademunt, en ese momento president del Principat independent de Catalunya (desde el 23 de enero de 1641) y que, anteriormente, había sido president de la primera República Catalana (17 a 23 de enero de 1641). Pau Claris había sido nombrado president de la Generalitat (1638) durante la crisis política y económica que conduciría a la Revolución de los Segadores (1640) y la Guerra de Separación de Catalunya (1640-1651/59).
Como president de la Generalitat, había ordenado el inicio de negociaciones con la monarquía francesa después de que el rey hispánico Felip IV declarara, formalmente, la guerra a Catalunya (1 de septiembre de 1640), hasta entonces un Estado que formaba parte del edificio político hispánico y con una relación bilateral propia con el poder central. Dichas negociaciones, que serían el punto de partida de la alianza catalanofrancesa, tendrían lugar en Ceret (7 de septiembre de 1640).
Pau Claris había liderado este proceso, y cuando el ejército de la monarquía hispánica había iniciado la ocupación de Catalunya (noviembre, 1640) había pronunciado un discurso que empezaba diciendo: “Castilla, soberbia y miserable, no consigue un pequeño triunfo sin largas opresiones, preguntad a sus habitantes si viven envidiosos del afecto que tenemos a nuestra libertad”. El 26 de enero de 1641, el ejército aliado catalanofrancés derrotaba a los hispánicos en Montjuïc.
El 20 de febrero de 1641, coincidiendo con la llegada de Philippe de La Mothe-Houdancort —el nuevo representante de Francia en Catalunya—, el president Claris enfermó. Durante las siguientes semanas, su estado de salud empeoró y acabaría expirando a las 23.45 h del 27 de febrero. Según el profesor Antoni Simón i Tarrès (UAB) —uno de los grandes investigadores de este período histórico—, el president Claris fue envenenado con un potente veneno llamado Acqua di Nàpoli, elaborado con arsénico y hierbas.
La teoría del envenenamiento circuló desde un primer momento. Durante el período de deterioro progresivo de la salud del president, Roger de Bossost, barón de Espenan y primer representante francés en Catalunya, escribiría al cardenal Richelieu —primer ministro de Francia— informándole de sus sospechas de que la causa de esa enfermedad era un envenenamiento y que la orden de asesinar al president de Catalunya habría partido de la cancillería hispánica —del rey Felipe IV o del conde-duque de Olivares— y habría sido urdida por la oficina del Gran Espía del Reino.
