Tal día como hoy del año 1821, las autoridades de la antigua colonia española de Florida hacían efectiva la entrega de San Agustín, la última plaza del territorio, a los representantes del gobierno de Estados Unidos. Aquella entrega se hizo en virtud del Tratado de Adams-Onís (1819) de venta de la colonia española de Florida a los estadounidenses. Aquella venta se había pactado por un importe de cinco millones de dólares de la época (el equivalente actual a unos 30 millones de dólares) y formaba parte del plan expansivo estadounidense, que, en el caso de Florida, permitiría a la administración de Washington intervenir en asuntos del mar Caribe.
En aquel momento (1821), la comunidad catalanohablante de San Agustín representaba la práctica totalidad de la población de la plaza. Y su origen se explicaba por una curiosa operación colonizadora que se había producido a finales del siglo anterior. En 1768, San Agustín era la plaza más meridional de la colonia británica de Georgia, y Menorca formaba parte del Imperio británico desde la Guerra de Sucesión hispánica (1707). En aquel contexto, aparecería la figura del negociante escocés Andrew Turnbull (1768), que reclutaría a 1.500 menorquines para proveer de mano de obra su proyecto colonial de New Esmirna (a unos cien kilómetros al norte de San Agustín).
Las malas condiciones a las que fueron sometidos provocarían la muerte de la mitad de la comunidad y la huida de la otra mitad, que encontraría refugio en el fuerte británico de San Agustín (1777). Después de la Guerra de la Independencia de Estados Unidos (1783), San Agustín pasó a soberanía española, hasta que Madrid vendería Florida a Washington (1821). Desde la llegada de 1768 y el establecimiento definitivo de 1777 hasta el cambio de soberanía de 1821 y la llegada masiva de población anglosajona de finales del siglo XIX, la comunidad "minorquian" de San Agustín sería mayoritaria en la ciudad y San Agustín sería la única ciudad catalanohablante de Estados Unidos y del continente americano.