Tal día como hoy del año 1713, hace 306 años, en Vic y en el contexto de la última etapa del conflicto sucesorio hispánico (1705-1715) denominado Guerra de los Catalanes (1713-1714); Agustin Fernandez de Velasco y Bracamonte Guzmán -comandante de las tropas borbónicas franco-castellanas que habían ocupado la plana de Vic-; ordenaba la ejecución de Francesc Macià y Ambert, más conocido como Bac de Roda y capitán de los fusileros voluntarios catalanes que luchaban por la causa austriacista.

Se da la circunstancia que Bracamonte, era primo de Fernández de Velasco y Tovar, que había sido virrey de Catalunya en dos ocasiones. En la primera (1696-1697) -en el transcurso el reinado del último Habsburgo- había abandonado precipitadamente Barcelona durante el asedio francés de Vendôme que había causado 4.000 víctimas mortales entre la población civil. Y en la segunda (1703-1705) -durante el reinado del primer Borbón-, y en el transcurso de la entrada en Barcelona del ejército aliado austriacista, había hecho lo mismo.

Bac de Roda fue ejecutado como un delincuente y no como un militar; aunque desde 1705 era un oficial del Ejército de Catalunya y, por lo tanto, de las armas imperiales de la casa de Habsburgo. En el transcurso de su vida militar, tuvo destacadísimas actuaciones en las llanuras de Vic y de Lleida, y a Barcelona. Su hoja de servicios era impecable y nunca había dispensado un trato deshonroso al enemigo -que había derrotado en repetidas ocasiones.

La ejecución de Bac de Roda, pública y por el método de la horca, respondía a un doble propósito: formaba parte de la política de terror y escarmiento que, impunemente, practicaban las tropas borbónicas sobre los resistentes y sobre la población civil catalanes; y respondía, también, a un deseo de venganza que, en la corte borbónica de Madrid, había sido elevado a la categoría de institución. La reina española María Luisa de Saboya -esposa de Felipe V- había proclamado que "tiraría a los hijos por el balcón antes que perdonar a los catalanes".

Según la tradición, las últimas palabras que pronunció Bac de Roda fueron: "No me matan para ser traidor ni tampoco para ser ningún ladrón, sino por que he querido decir que viva toda la patria".