Tal día como hoy del año 1931, hace 89 años, en el contexto de los meses inmediatamente posteriores a la restauración de la Generalitat y a la proclamación de la II República española, el presidente Macià llegaba a Barcelona —procedente de Madrid— después de haber presentado al gobierno de la República española el primer Estatut moderno de la historia de Catalunya. El texto de aquel Estatut fue redactado en el santuario de Núria; aprobado por la unanimidad de los gobiernos municipales de Catalunya y refrendado afirmativamente por el 99% del electorado masculino. En aquel momento el voto femenino todavía no era posible, pero el Estatut recibió el apoyo de 400.000 firmas femeninas, que representaban el 75% del censo de las mujeres mayores de edad.

Aquel Estatut representaba la restauración del autogobierno de Catalunya liquidado en 1714 por el primer Borbón hispánico —"por justo derecho de conquista"— y había generado una atmósfera de gran ilusión entre la sociedad catalana. La prensa de la época (La Vanguardia, edición del 25/08/1931), dice que cuando el tren llegaba "estalló en la estación una gran ovación, y como la multitud lo invadía todo y algunos ocupaban incluso las vías, la locomotora tuvo que detenerse para que aquellas quedaran expeditas (...) grupos de jóvenes treparan a la cubierta del tren, el cual, al entrar en la estación lo hizo con individuos que desde lo alto de los vagones y arracimados en sus portezuelas aclamaban entusiásticamente al señor Maciá".

La misma prensa dice, también, que "antes de la llegada del tren (...) era imposible totalmente dar un paso (...) la aglomeración fue tanta que alrededor de las once arrolló a los porteros (vigilantes de la estación) y penetró en los andenes, los cuales quedaron prontamente llenos". Aquel Estatut —el primer autogobierno en la Península— definía Catalunya como un Estado dentro de la República española, asumía la casi totalidad de competencias de gobierno (educación, sanidad, seguridad ciudadana, justicia, puertos, aeropuertos, carreteras) y el derecho a la autodeterminación de Catalunya. Las cortes republicanas españolas lo catalogaron de pretencioso y lo recortaron (septiembre 1932) y el general Franco —jefe de la rebelión militar contra la República— lo derogó (abril 1938).

 

 

 

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